Exequiel y Ezequiel

  • Por: Paulo Ávila 

El año comenzó como terminó, como viene comenzando siempre, como viene arrollándonos siempre la angustiante realidad de que el olvido o tal vez nuevas tragedias sociales, harán olvidar las anteriores.

Así, en Salta, donde la pobreza es como un atenuante de la indigencia y la pauperización, donde la desgracia parece habernos aturdido tanto que ya hemos ensordecido, donde la hipocresía de las familias del poder parecen inmunes a esa desesperación.

Aquí, en Salta, la provincia que quiere tener dos candidatos a presidente de la Nación, la crecida correntada de desidia y escoria nos robó a Exequiel Cruz, “Huevito”.

Sus sueños de pescador y nadador no fueron más allá de su primera década de vida, se hundieron con él en esa marea de líquidos cloacales y metales pesados con algo de agua de lluvia a la que llamamos río Arenales.

Aquí en Salta, donde no se construye un natatorio público desde hace décadas, la desidia gobernante nos llevó a Huevito, para quien llegar hasta el balneario más popular en colectivo, le salía tres veces más caro que la entrada misma al popular “Carlos Xamena”.

En la provincia de los millonarios candidatos presidenciales enriquecidos con el presupuesto estatal, está latente la amenaza del olvido de Ezequiel Cardozo, quien con sólo nueve años pensaba que podía jugar en el patio de su escuela pero lo hacía en un campo minado tan peligroso, que cuando se paró en el lugar equivocado se le vino una pared encima y le arrebató ése y todos los recreos.

¿Será que en algún lugar se encontrarán Ezequiel y Exequiel para jugar a la pelota antes que suene el timbre o para nadar un rato en alguna nube donde no cobren entradas…?

Aquí, en Salta donde los monarcas del poder político se apoyan y encubren mutuamente, es donde aparece y suena a burla que una propuesta presidencial de campaña sea la promesa de una “Primera Dama divertida” (quizás tan divertida como los negociados del Plan Alimendar).

Aquí, en Salta, la policía empuja a los hermanos Wichis a pasar las noches bajo la lluvia y hostiga a quienes les acercan agua y comida.

A esos originarios también aísla la ministra de Educación, la misma que presta especial atención a la sindicalista que vacaciona en el Caribe como muy pocos docentes que “representa” pueden hacerlo.

Así comenzó el 2019, con la angustiante abulia y acostumbramiento al dolor que nos está anesteciando, así, como dice la canción, escuchando esos acordes que gritan sus penas, emborrachando la enloquecida pobreza.

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