• Por: Silvia Noviasky
Había sido separado por una causa de abuso. A la espera del juicio, retornó a la Santa Sede. Los curas que lo acusaron apuestan a la Justicia Civil. Creen que está protegido.

A la espera del juicio dilatado por la pandemia, y luego de que fuera suspendido de su puesto por las denuncias de abuso sexual a seminaristas, el obispo Gustavo Zanchetta volvió a mediados de junio a trabajar a la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), la inmobiliaria del Vaticano. Su regreso resonó en diferentes puntos, en las mismas oficinas del Vaticano y en el norte argentino, en Orán, donde se originaron las denuncias.

Los curas que lo denunciaron habían renovado sus esperanzas en la Iglesia cuando el cuestionado religioso fue separado. Con este último movimiento de la cúpula de la Iglesia dudan sobre “si se busca la verdad” y miran con esperanza a la Justicia civil para “no quedar como difamadores”.

El vocero del Vaticano confirmó la vuelta de Zanchetta al diario El País de España. “Esto no interfiere en la investigación”, indicaron.

  El cuestionado certificado con el que Zanchetta pudo volver a Roma.

Su vuelta es leída como el último movimiento que terminó de cerrar el cerco de protección que, se acusa, comenzó en el 2015, con las primeras denuncias por abuso de poder, “comportamientos inapropiados a seminaristas”, desmanejos económicos y fotografías comprometedoras. Si bien en aquel momento fue llamado por el Papa, regresó al obispado. “Se defendió bien”, indicó el jefe de la Iglesia en una entrevista. En el 2017 cinco sacerdotes lo denunciaron nuevamente ante la Nunciatura por los mismos motivos por los que lo habían acusado dos años antes, pero que habían alcanzado “mayor gravedad”. Los “comportamientos inapropiados” pasaron a lo que hoy la Justicia investiga como abuso sexual. Las denuncias terminaron sacándolo del obispado para terminar en el APSA.

En este punto se cruzan las versiones oficiales. Cuando este matutino destapó el caso y el Vaticano lo suspendió en el APSA, el entonces vocero del Vaticano dijo que Zanchetta había renunciado. Pero el Papa dijo que “lo mandó a llamar” y le pidió la renuncia.

Más allá de si renunció por iniciativa propia o no, los sacerdotes se esperanzaron ante su alejamiento del obispado. La ilusión duró poco, por su posterior designación en el APSA, y se reavivó nuevamente cuando fue separado. Pero su reciente reincorporación, sin que haya aún sentencia eclesiástica ni judicial, echó por tierra cualquier chispa.

“La única esperanza que nos queda es en la Justicia civil. No es que busquen la verdad, están viendo cómo arreglan la situación, cómo lo limpian. No se entiende nada. No cambió nada de cuando lo separaron a hoy”, fustigó uno de los sacerdotes denunciantes, que pidió mantener su identidad en reserva porque “cada vez que decimos algo hay represalias”.

El sacerdote aseguró que los otros dos religiosos que también denunciaron al obispo comparten la misma sensación.

Mientras Zanchetta fue designado en la casa central de la Iglesia, tres de los cinco sacerdotes que lo denunciaron fueron removidos de sus históricos destinos y enviados a lugares periféricos en el norte. Eso provocó molestia en la comunidad eclesiástica de Orán, que defiende a los religiosos que “vio crecer”. Los tres curas son originarios de Orán, mientras que los otros dos curas denunciantes son extranjeros que fueron acogidos por la ciudad.

El certificado

“Los laicos dicen que lo están protegiendo, hablan de encubrimiento. Lo tomaron mal porque lo ven como victorioso, como si nada, y acá las víctimas y todos nosotros quedamos como mentirosos o fantaseadores”, agregó el religioso.

Consultado sobre quiénes lo estarían protegiendo, el sacerdote aseveró: “Quiero creer en el Papa”, para luego filtrar: “Por un lado dicen que al juicio lo pusieron en otras manos, para que no lo juzgue el Papa, pero, ¿quién lo autorizó a volver?”, se preguntó. “No sé si es el Papa, él (por Zanchetta) hizo muchas amistades. Para mí viene de otra persona”, señaló el cura, que apuntó a quien le firmó “el certificado”.

Luego de que se destapara el caso, el Vaticano lo separó de sus funciones para “no interferir en la investigación”. Pero por otro lado le dio a Zanchetta un certificado laboral que utilizó para justificar su regreso a Roma a pesar de la oposición de la fiscalía.

Dos semanas después de inhibirle la salida del país porque “corría riesgo la investigación”, el juez de Garantías 2 de Orán, Claudio Parisi, indicó: “Deben revocarse algunas de las medidas impuestas en su oportunidad, y que se encuentran relacionadas con su situación laboral, la que no afecta al proceso a futuro” indicó el magistrado. Mientras, la fiscal que lo investiga por los abusos sexuales, Soledad Filtrín, advertía que dejarlo ir ponía en “riesgo la investigación”.

El certificado al que pudo acceder El Tribuno fue firmado por Edgar Peña Parra, sustituto de la Secretaría de Estado y encargado de todas las “cuestiones internas del Vaticano”, indicó una periodista especializada que trabaja en el lugar.

El regreso de Zanchetta también resonó puertas adentro del Vaticano. “Cuando llegó a la oficina los compañeros se quedaron perplejos. Es que… lo separan por una denuncia grave, y él luego un día regresa sin que haya juicio ni nada aún”, advirtió la periodista del Vaticano.

El estupor también se extendió entre los integrantes de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), que juzga estos casos. Según pudo reconstruir El País allí: “Sorprendió su readmisión y el certificado, y se advierte que el caso pinta mal para el obispo. Les es difícil entender el modelo que se aplica. La presunción de inocencia que rige para este obispo contrasta enormemente con otros casos recientes en los que el implicado en otro tipo de supuestos delitos ha sido apartado inmediatamente de su puesto. El Papa despidió hace pocos meses a cinco empleados de la secretaría de Estado por su presunta vinculación con uno de los últimos escándalos financiación. La instrucción previa al proceso ni siquiera ha terminado, pero el Pontífice consideró oportuno enseñarles la puerta. Lo mismo hizo con el jefe de la Gendarmería, Domenico Giani, que presentó su dimisión por la filtración de una serie de documentos de la misma investigación, sin recibir ante ello ninguna objeción por parte del papa Francisco.

 

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