En la madrugada de este 1 de enero, un poderoso terremoto de magnitud preliminar 7,6 sacudió el centro y la costa occidental del país asiático, generando una alerta máxima de tsunami.
Según informes de la cadena pública NHK, las olas alcanzaron alrededor de 1 metro en algunas áreas del mar de Japón, y se anticipa una ola mayor. Las prefecturas costeras de Ishikawa, Niigata y Toyama recibieron alertas de tsunami, extendiéndose incluso a las ciudades rusas de Vladivostok y Najodka.
El primer ministro, Fumio Kishida, instó a la población a permanecer alerta ante posibles réplicas y evacuaciones. Imágenes impactantes de NHK mostraron el derrumbe de edificios en Suzu y residentes de Kanazawa resguardándose bajo mesas durante los temblores. La capital, Tokio, también sintió el impacto, con más de 36,000 hogares sin electricidad en Ishikawa y Toyama.
Las consecuencias del terremoto afectaron diversos servicios, con la suspensión de trenes de alta velocidad hacia Ishikawa, interrupciones en los servicios de telecomunicaciones y la cancelación de vuelos. La aerolínea japonesa ANA devolvió cuatro aviones en pleno vuelo, mientras que Japan Airlines canceló la mayoría de los servicios a Niigata e Ishikawa.
En cuanto a las centrales nucleares a lo largo del mar de Japón, la Autoridad de Regulación Nuclear aseguró que no se detectaron irregularidades.
Las centrales de Kansai Electric Power Ohi y Takahama, así como la central Shika de Hokuriku, no informaron impactos significativos. Cabe destacar que estas centrales habían tomado precauciones, parando reactores para inspecciones antes del sismo.
Este acontecimiento revive el recuerdo del trágico 11 de marzo de 2011, cuando un terremoto y tsunami devastadores golpearon el noreste de Japón, dejando una profunda huella con casi 20,000 vidas perdidas y desencadenando fusiones nucleares en Fukushima.

