La relación entre la ciudad y el Río de las Conchas vuelve a ocupar un lugar central en la preocupación cotidiana de los vecinos de San José de Metán. En los últimos días, el avance del cauce hacia áreas cercanas a la zona urbana comenzó a generar inquietud, una sensación que se expresa tanto en redes sociales como en conversaciones barriales.
Según relatan habitantes de la ciudad, el río habría ido desplazándose de manera gradual, acortando la distancia con sectores donde existen viviendas y circulación cotidiana. Esta situación despierta temores ante eventuales crecidas, especialmente durante los períodos de lluvias intensas, cuando el comportamiento del curso de agua se vuelve más impredecible.
“Día a día el río se va acercando más a la ciudad”, es una de las frases que se repite entre quienes siguen de cerca la evolución del cauce. El recuerdo de lo ocurrido en otras localidades del país, donde el avance de ríos o deslizamientos de suelo provocaron daños graves en zonas urbanas, aparece como un antecedente que alimenta la preocupación.
La inquietud actual se vincula también con un hecho reciente. El 19 de enero, tras una crecida del Río de las Conchas, Julio Saracho expresó públicamente su alarma por el avance del agua sobre viviendas precarias ubicadas en sectores del barrio Diógenes Zapata, La Misión y la zona conocida como La Chanchería. En esos lugares, meses atrás, varias familias ya habían sufrido importantes pérdidas económicas como consecuencia de episodios similares.
En aquella oportunidad, Saracho solicitó la intervención del Gobierno provincial y pidió al gobernador que recorra las zonas afectadas para evaluar la situación y avanzar en medidas que permitan prevenir nuevos daños.
La preocupación, coinciden los vecinos, no responde a un hecho aislado. Por el contrario, se trata de un proceso que se viene observando desde hace tiempo, con cambios visibles en el trazado del río y en la cercanía con áreas habitadas. Por ese motivo, el tema comenzó a instalarse con fuerza en el debate cotidiano de algunos barrios, donde se multiplican los llamados a tomar conciencia sobre los riesgos y la importancia de anticiparse a posibles emergencias.
Mientras el río sigue su curso, la atención de la comunidad permanece puesta en su evolución y en la necesidad de acciones preventivas que permitan resguardar a las familias que viven en las zonas más expuestas.
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