El éxodo silencioso hacia Brasil, miles de argentinos cruzan la frontera por trabajo

Las imágenes comenzaron a circular con fuerza en los últimos días: personas cruzando en balsas, micros y vehículos improvisados rumbo a Brasil, con bolsos cargados y la esperanza de encontrar trabajo. Detrás de esas postales, se consolida un fenómeno que intendentes del norte argentino describen como inédito por su magnitud.

En la localidad misionera de Comandante Andresito, el intendente Bruno Beck aseguró que el éxodo laboral hacia Brasil no tiene precedentes en su experiencia de gestión. “Jamás vi un éxodo así”, afirmó al referirse a la salida sostenida de jóvenes, trabajadores rurales y familias completas que cruzan la frontera para emplearse, principalmente en tareas agrícolas en Rio Grande do Sul, como la cosecha de uva y manzana.

Según datos oficiales aportados por el municipio, más de 1.200 personas migraron en los últimos seis meses, muchas de ellas de manera registrada ante Migraciones. La salida de mano de obra impactó de lleno en la estructura local: empleados municipales solicitaron licencias sin goce de sueldo para trabajar en Brasil y numerosos tareferos abandonaron la zafra yerbatera, lo que obligó a productores a acelerar procesos de mecanización.

Beck explicó que el fenómeno no solo afecta a la producción, sino que también genera conflictos sociales, familiares y económicos que deben ser contenidos por el Estado local. “Es preocupante, pero también es una alternativa que tiene la gente para sobrevivir”, señaló. De los trabajadores municipales que partieron, solo una parte regresó; otros optaron por renunciar y radicarse definitivamente del otro lado de la frontera.

La situación se repite en otros municipios fronterizos. En San Antonio, el intendente Fausto Rojas confirmó una salida diaria y constante de trabajadores, en especial jóvenes, atraídos por mejores salarios y mayor estabilidad laboral en Brasil. “Son más de dos mil los que van para allá. Muchos van y vienen, pero otros tantos se quedan instalados”, indicó.

Rojas advirtió que la falta de empleo local dificulta cualquier posibilidad de retorno. “Hoy no hay cómo volver a radicarse acá si no hay trabajo”, expresó, y señaló que esta migración sostenida comienza a vaciar áreas clave del municipio y complica la disponibilidad de mano de obra ante la proximidad de las cosechas.

En Bernardo de Irigoyen, el intendente Edgardo Aquino describió un escenario similar, atravesado por los ajustes económicos nacionales, la devaluación y la parálisis del comercio fronterizo. Según explicó, la caída del movimiento comercial derivó en cierres de mercados, despidos y una migración constante de jóvenes hacia distintos puntos de Brasil en busca de empleo.

“Lo que más nos preocupa es el cierre de fuentes laborales y la salida permanente de nuestros jóvenes”, sostuvo Aquino, al detallar que el tránsito fronterizo ya no tiene el dinamismo de años anteriores y que la situación representa un desafío diario para la gestión municipal y el sector privado.

Mientras el flujo continúa, el fenómeno reconfigura la vida económica y social de las localidades fronterizas. Lo que antes eran viajes temporales hoy se transforma, en muchos casos, en decisiones de arraigo definitivo fuera del país, marcando un proceso migratorio que, según las autoridades locales, no muestra señales de desaceleración.

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