Solo tres provincias cumplirán los 190 días de clase en 2026 y crece la alarma por el impacto en el aprendizaje

El calendario escolar 2026 ya proyecta un escenario desigual en la Argentina. Aunque el Consejo Federal de Educación (CFE) acordó en noviembre un piso de 190 días de clase para todo el país, solo tres de las 24 jurisdicciones cumplirán con esa meta. Además, siete provincias no garantizarán el mínimo de 760 horas anuales en el nivel primario.

Los datos surgen del último informe de Argentinos por la Educación (AxE), que analizó los calendarios oficiales y la carga horaria prevista en cada distrito. Según el relevamiento, Santiago del Estero (192 días), San Luis (191) y Mendoza (190) serán las únicas provincias que alcanzarán el objetivo establecido en la Resolución N° 484/2024.

La normativa fijó un piso superior al de la Ley 25.864 de 2003, que establecía un mínimo de 180 días. También determinó que los calendarios debían garantizar al menos 760 horas reloj anuales en primaria.

Un retroceso en la tendencia

Después de la pandemia, el promedio nacional de días planificados había mostrado una recuperación sostenida: pasó de 178 días en 2020 a un máximo de 187 en 2024. Sin embargo, el informe señala que en 2025 y 2026 ese promedio retrocede a 185 días.

“El número de provincias que cumplen los 190 días aumentó desde cero en 2020 hasta ocho en 2025, pero vuelve a caer a tres en 2026”, indicaron desde AxE.

Si bien 14 provincias no alcanzarán los 190 días, sí cumplirán con las 760 horas anuales gracias a jornadas escolares de más de cuatro horas diarias. En el extremo opuesto, Catamarca tiene planificados 178 días, por debajo incluso del mínimo legal vigente.

Las provincias que no alcanzan las 760 horas

El informe también identifica siete jurisdicciones donde una proporción significativa de estudiantes no llegará al piso de 760 horas en primaria.

En Santa Cruz, el 91% de los alumnos quedaría por debajo del mínimo. En La Rioja, el 87%; y en Tucumán, el 72%. Completan la lista San Juan (51%), Río Negro (49%), Buenos Aires (25%) y Chubut (20%).

El cálculo combina los días de clase previstos, la duración diaria de la jornada simple (que varía entre cuatro y cinco horas según la provincia) y la proporción de estudiantes que asisten a jornada simple, según el Relevamiento Anual 2024.

Tiempo planificado y tiempo real

Especialistas advierten que existe una diferencia entre los días planificados y los efectivamente dictados. Teo Saralegui, coordinador de Investigación e Incidencia Pública de Asociación Conciencia, señaló que hay un “incumplimiento sostenido” de la meta acordada por el CFE.

Flavio Buccino, especialista en gestión educativa, explicó que el calendario escolar “es la columna vertebral que organiza el tiempo de enseñanza”, pero alertó sobre factores que reducen el tiempo pedagógico real, como conflictos laborales, problemas de infraestructura y ausentismo.

También advirtió que sin un sistema de monitoreo nominal que registre lo que ocurre día a día, los 190 días pueden quedar como una meta teórica.

Martín Nistal, analista de datos de AxE, remarcó que la evidencia internacional y local demuestra la importancia del tiempo escolar. “La calidad importa, pero la cantidad también”, sostuvo, y señaló que no existen sanciones para las provincias que no cumplen con lo acordado ni información pública sistemática sobre días efectivamente dictados.

El impacto en el aprendizaje

Para los especialistas, el tiempo de clase es una condición indispensable para el aprendizaje. La socióloga de la Educación Cecilia Veleda explicó que la cantidad de horas es un requisito necesario para que se desarrollen contenidos cada vez más exigentes.

Incluso tomando como referencia las 760 horas anuales, Argentina se ubica por debajo de países como Chile, Colombia, Costa Rica o Brasil. Si se suman interrupciones, el tiempo efectivo de exposición a la enseñanza se reduce aún más.

Los expertos coinciden en que la pérdida de días afecta especialmente áreas centrales como Lengua y Matemática, y que el impacto no es uniforme. En contextos de mayor vulnerabilidad, el ausentismo suele ser más alto, lo que amplía las brechas.

Saralegui recordó que los resultados de las pruebas PISA 2022 mostraron que los estudiantes que faltaron menos en los días previos al examen obtuvieron mejores desempeños en Matemática, Lengua y Ciencias.

Cumplir con los 190 días o con las 760 horas mínimas, coinciden, no resolverá por sí solo los problemas del sistema educativo. Sin embargo, lo consideran un paso básico para garantizar continuidad pedagógica y reducir desigualdades en el acceso al aprendizaje.

De cara a 2026, el calendario ya anticipa un escenario dispar entre provincias, en un contexto donde cada jornada de clase se vuelve un recurso clave para sostener las trayectorias escolares.

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