La escalada militar en Medio Oriente sumó este lunes un nuevo capítulo. Israel confirmó el inicio de una nueva oleada de ataques aéreos “a gran escala” contra Irán, en una ofensiva que impactó en infraestructuras ubicadas en Teherán, Shiraz y Tabriz.
El operativo forma parte de la campaña iniciada el pasado 28 de febrero en coordinación con Estados Unidos. Desde entonces, el conflicto se ha intensificado con ataques sostenidos y un creciente número de víctimas.
Según informó el portavoz militar israelí, Nadav Shoshani, las Fuerzas de Defensa de Israel han ejecutado más de 7.600 bombardeos en territorio iraní, mediante unas 5.000 salidas aéreas. De ese total, aproximadamente 4.700 ataques estuvieron dirigidos al programa de misiles iraní, mientras que más de 700 objetivos de lanzamiento fueron atacados en tiempo real.
Las autoridades israelíes también señalaron la destrucción de más de 100 instalaciones de producción de armamento, más de 500 centros de mando y control, y múltiples objetivos vinculados al programa nuclear iraní, en operaciones coordinadas con fuerzas estadounidenses.
Del lado iraní, las cifras reflejan el impacto humano del conflicto. Teherán sostiene que al menos 1.230 personas murieron desde el inicio de la ofensiva, incluyendo civiles. Entre los episodios más graves reportados se encuentra el bombardeo de una escuela primaria en el distrito de Minab, donde murieron 171 niñas, un hecho que las autoridades iraníes calificaron como un ataque contra la población civil.
El conflicto tuvo un punto de inflexión el 28 de febrero, cuando, según reportes oficiales iraníes, murieron el líder supremo Alí Jameneí, junto a miembros de su familia, el ministro de Defensa y altos mandos militares, incluidos dirigentes del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica.
Mientras Tel Aviv sostiene que los ataques apuntan a objetivos estratégicos y militares, Irán denuncia que también se han alcanzado infraestructuras civiles.
En paralelo, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica anunció una serie de ataques contra bases militares estadounidenses en la región. Entre los objetivos mencionados se encuentran instalaciones en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Arabia Saudita.
De acuerdo con fuentes iraníes, los ataques se dirigieron a centros de mando, hangares de defensa aérea, depósitos logísticos y torres de control de vuelo. Además, afirmaron haber neutralizado más del 80% de radares estratégicos en esas instalaciones.
En medio de la creciente tensión, Irán emitió una alerta máxima ante la presencia naval estadounidense en la región y advirtió sobre el portaaviones USS Gerald Ford, al que considera una amenaza directa.
Por su parte, Israel declaró estar preparado para una “guerra larga” y aseguró que mantiene miles de objetivos en su lista de operaciones. Al mismo tiempo, descartó problemas en sus sistemas de defensa, tras reportar 12 muertos en su territorio por ataques con misiles iraníes.
Con operaciones en curso y sin señales de desescalada, el conflicto continúa expandiéndose en la región, con impacto directo sobre la población civil y un aumento sostenido de la tensión internacional.
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