Escándalo: Revelan una operación rusa para influir en la política argentina

Una filtración de documentos sensibles encendió alertas en el escenario político argentino. Un consorcio internacional de periodistas reveló la existencia de una presunta campaña de espionaje y desinformación impulsada desde Rusia, orientada a desacreditar al gobierno de Javier Milei durante 2024.
La operación habría sido ejecutada por un grupo conocido como “La Compañía”, vinculado a estructuras de inteligencia rusas, y consistió en una serie de acciones de “guerra híbrida”. Según los documentos analizados, el objetivo fue influir en la opinión pública mediante la difusión de contenidos en medios de comunicación y redes sociales, combinando información verídica con datos falsos o distorsionados.
El informe señala que la estrategia incluyó la publicación de más de 250 artículos en al menos 20 medios digitales argentinos entre junio y octubre de 2024. Para ello, se habrían destinado más de 283 mil dólares, posicionando a la Argentina como uno de los principales focos de inversión en este tipo de operaciones dentro de América Latina.
La investigación fue realizada por un consorcio integrado por organizaciones periodísticas como openDemocracy, Forbidden Stories y Filtraleaks, liderada por el periodista Santiago O’Donnell.
De acuerdo a la documentación, las acciones no se limitaron a la difusión de contenidos. También incluyeron la elaboración de perfiles de dirigentes políticos, reuniones con actores sociales, análisis de sectores estratégicos como el energético y la promoción de iniciativas legislativas vinculadas a la política exterior argentina.
“La Compañía” sería una estructura derivada del Grupo Wagner, organización paramilitar que tras la muerte de Yevgeny Prigozhin en 2023 habría quedado bajo control de organismos estatales rusos. Entre ellos, el Servicio de Inteligencia Exterior, conducido por Sergei Naryshkin y alineado con el gobierno de Vladimir Putin.
El informe también menciona el despliegue de agentes en territorio argentino en años anteriores, así como la utilización de identidades falsas y redes de intermediarios para canalizar contenidos hacia medios locales.
Uno de los puntos destacados de la investigación es la aparición de autores ficticios en artículos publicados. Según el análisis, varios de los textos fueron firmados por identidades inexistentes, con perfiles creados mediante herramientas digitales, lo que dificultó rastrear el origen de los contenidos.
Además, se identificaron cuentas en redes sociales y pagos asociados a publicaciones en medios, aunque los periodistas remarcaron que no fue posible corroborar de manera concluyente la ejecución efectiva de todas las transferencias mencionadas en los documentos.
Tras conocerse la filtración, distintos medios señalados en el informe negaron haber recibido financiamiento o haber participado de manera consciente en la difusión de contenidos vinculados a esta operación.
El caso se suma a una serie de investigaciones globales sobre injerencia extranjera en procesos políticos, en un contexto donde las estrategias de desinformación adquieren cada vez mayor relevancia en la arena internacional.
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