¿Salta está preparada para un terremoto? La advertencia de un geólogo sobre el riesgo sísmico en el NOA

El terremoto ocurrido recientemente en Colombia volvió a poner bajo la lupa una pregunta que también alcanza a la Argentina: ¿qué tan preparada está la región del NOA para enfrentar un sismo de gran intensidad? Para el geólogo Andrés Folguera, doctor en Ciencias Geológicas de la Universidad de Buenos Aires, el peligro no depende únicamente de la actividad tectónica, sino también de la capacidad de respuesta de los Estados.

Durante una entrevista con Luis Novaresio, el especialista explicó que el concepto de riesgo sísmico combina dos factores: la posibilidad de que ocurra un fenómeno de estas características y el nivel de preparación existente para afrontarlo.

En ese sentido, marcó una diferencia entre las provincias que históricamente convivieron con terremotos y aquellas donde los grandes eventos quedaron más alejados en el tiempo. San Juan y Mendoza, señaló, desarrollaron una cultura sísmica vinculada con los movimientos que sufrieron a lo largo de su historia. En cambio, ubicó a Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja y Tucumán entre las jurisdicciones que considera más vulnerables ante un episodio de gran magnitud debido a una menor preparación estatal.

El riesgo no se concentra exclusivamente en Cuyo. El frente andino presenta niveles elevados de peligrosidad, especialmente desde Neuquén hacia el norte, y existen estructuras geológicas activas en diferentes sectores del país.

En el NOA se estudian, entre otras, fallas ubicadas en las sierras riojanas de Famatina, Velasco y Ambato, además de estructuras presentes en el Valle de Lerma, en Salta, la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, y los Valles Calchaquíes.

El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) sostiene que ya no existen zonas de riesgo sísmico cero en la Argentina. La peligrosidad, sin embargo, presenta diferencias importantes según cada región.

De acuerdo con los datos citados por especialistas, aproximadamente el 80% de los movimientos registrados en el territorio nacional ocurre a más de 100 kilómetros de profundidad. El restante 20% se origina a menos de 40 kilómetros. Estos últimos, por su cercanía con la superficie, tienen mayor capacidad para generar daños.

Folguera también analizó los movimientos registrados recientemente en la región y explicó que no necesariamente existe una relación directa entre grandes terremotos ocurridos en países cercanos.

Según detalló, el fenómeno colombiano tuvo características diferentes a otros episodios recientes. Se trató de un sismo profundo, asociado a una fractura en el fondo del océano Pacífico, aproximadamente a 100 kilómetros bajo la superficie.

El especialista señaló que este tipo de fracturas profundas no es habitual y, además, no necesariamente deja evidencias visibles en la superficie, lo que dificulta su identificación anticipada.

En cambio, el terremoto registrado en Venezuela tuvo características superficiales y estuvo vinculado con fallas geológicas conocidas.

Colombia, además, posee una elevada actividad sísmica histórica. Para Folguera, la magnitud de los daños observados también puso en discusión el cumplimiento de las normas de construcción. Tras el terremoto se registraron alrededor de 200 edificios colapsados, situación que, según el geólogo, evidencia deficiencias en la aplicación rigurosa de los estándares constructivos.

En el caso salteño, la actividad tectónica es analizada especialmente en sectores del Valle de Lerma y los Valles Calchaquíes. La presencia de estructuras geológicas activas implica que la provincia forma parte del mapa nacional de amenaza sísmica.

Esto no significa que exista una fecha prevista para un terremoto ni que pueda anticiparse un movimiento de determinada magnitud. La ciencia actual no puede establecer cuándo, dónde ni con qué intensidad ocurrirá un terremoto.

Los mapas de peligrosidad sísmica permiten determinar cuáles son las áreas con mayor probabilidad de experimentar movimientos fuertes, pero no permiten fijar el momento en que podría producirse un evento.

Después de un terremoto de gran magnitud, la actividad sísmica no necesariamente desaparece. Folguera explicó que las réplicas pueden producirse durante semanas, mientras las tensiones en el subsuelo continúan acomodándose.

Por ese motivo, el seguimiento científico posterior a un gran movimiento resulta fundamental para registrar nuevos eventos, estudiar su distribución y comprender cómo se comporta la zona afectada.

En Argentina, la existencia de actividad sísmica en distintas regiones hace que la preparación, los controles sobre las construcciones y el conocimiento científico tengan un papel central frente a una amenaza que no puede anticiparse con fecha y hora.

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