Llegar a los 60 años no implica atravesar la misma realidad para toda la población. Un nuevo documento estadístico del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), elaborado junto con la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología (SAGG), expone un deterioro de las condiciones de vida de las personas mayores en las áreas urbanas del país entre 2017 y 2025.
El relevamiento señala que las principales diferencias no están determinadas únicamente por la edad, sino por factores como el nivel socioeconómico, la educación y las características del hogar.
Durante 2024-2025, la insuficiencia de ingresos alcanzó al 46% de los hogares con personas mayores, el registro más elevado de toda la serie. En los sectores socioeconómicos muy bajos, el indicador trepó al 71,1%.
La inseguridad alimentaria también aumentó: pasó del 12,3% entre 2017-2019 al 18,4% en 2024-2025. Entre los hogares más vulnerables llegó al 39,1%, una proporción 35 veces superior a la registrada en los estratos medio-altos.
Las dificultades también alcanzaron el pago de servicios. El 21,3% de los hogares dejó de abonar servicios públicos por falta de recursos, porcentaje que llegó al 39,4% entre los sectores vulnerables.
El estudio registró además un 11,8% de déficit habitacional y un 25,2% de déficit de servicios básicos, indicador que ascendió al 49,3% en el estrato socioeconómico muy bajo.
Mientras tanto, la cobertura mediante programas sociales disminuyó del 30,6% durante la pandemia al 26,8% en 2024-2025. Entre los hogares más desfavorecidos, solamente el 42,4% recibe asistencia estatal.
La situación económica también repercute directamente sobre la atención sanitaria. El 35,2% de las personas mayores declaró haber postergado o resignado atención médica o la compra de medicamentos por motivos económicos.
El porcentaje representa un incremento de 10 puntos respecto de 2022-2023 y llega al 55% entre los hogares más pobres.
En cuanto a PAMI, durante 2025 registró un uso del 74% para consultas médicas y del 70% para medicamentos. La atención médica obtuvo una valoración positiva del 61,7%, mientras que la satisfacción con la cobertura de medicamentos fue menor, del 49,7%.
Además, el 28,9% de las personas mayores percibe negativamente su estado de salud, una proporción tres veces superior a la registrada entre quienes tienen entre 18 y 59 años.
El relevamiento muestra un fuerte crecimiento del malestar psicológico. El indicador pasó del 19,5% en 2017-2019 al 34% en 2024-2025. Entre las personas pertenecientes al estrato socioeconómico muy bajo alcanzó el 51,8%.
A su vez, el 26,8% presenta un déficit de proyectos personales o de futuro, mientras que la percepción de infelicidad llegó al 17,5%.
La falta de contención social aparece como la principal carencia psicosocial, con un 51,9%. El sentimiento de soledad alcanza al 16% de la población mayor y asciende al 22,6% entre quienes viven solos.
El informe también identifica a la espiritualidad como un recurso de afrontamiento: solamente el 19,9% manifestó no tener creencias.
El documento identifica un agravamiento multidimensional durante 2024-2025, marcado por la combinación de menores ingresos, mayores dificultades para acceder a consultas y medicamentos y un deterioro del bienestar psicosocial.
Los datos indican además que el nivel socioeconómico, la educación y el tipo de hogar permiten explicar mejor las situaciones de vulnerabilidad que la edad cronológica por sí sola.
En paralelo, el estudio señala una brecha en la protección estatal, vinculada con la reducción de la cobertura de programas de transferencia frente al aumento de las situaciones de pobreza.
La investigación plantea así un escenario en el que las condiciones de vida durante la vejez están estrechamente relacionadas con las desigualdades acumuladas y con la capacidad económica de cada hogar para sostener alimentación, vivienda, servicios, atención sanitaria y redes de acompañamiento.
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