La aparición de ballenas muertas en las costas de Península Valdés y Puerto Madryn encendió las alarmas entre especialistas y organizaciones vinculadas con la conservación marina. Mientras investigadores trabajan para esclarecer las causas de estos episodios, una campaña científica busca conocer qué sustancias están presentes en el ambiente donde estos animales se reproducen y se alimentan.
La cantidad acumulada de ejemplares muertos y los varamientos registrados mantienen la atención sobre la situación en los golfos norpatagónicos. Por el momento, las causas de los episodios están bajo investigación y no existe una explicación definitiva que permita atribuirlos a un único factor.
Los estudios buscan determinar si existen componentes ambientales, patógenos naturales o interacciones con otras especies que puedan contribuir a explicar lo ocurrido. Al mismo tiempo, especialistas advierten sobre las distintas presiones que las actividades humanas ejercen sobre los ecosistemas marinos.
En las aguas próximas a Puerto Pirámides, un equipo del Laboratorio de Mamíferos Marinos realizó tareas de campo para estudiar a las ballenas francas que llegan cada año a Península Valdés. El operativo se llevó adelante junto a Whales Argentina, en el marco del convenio que esa organización mantiene con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Durante la campaña, los profesionales recolectaron muestras para analizar la exposición de los animales a microplásticos y ficotoxinas. El propósito es establecer en qué medida las ballenas entran en contacto con estos contaminantes mientras permanecen en la región.
La investigación cobra relevancia porque distintos estudios determinaron que Península Valdés no funciona únicamente como un área de reproducción y crianza. También es un espacio donde las ballenas se alimentan, por lo que conocer las características del entorno resulta fundamental para evaluar los riesgos que podrían enfrentar.
La preocupación por la conservación de estos mamíferos también incluye los efectos potenciales de distintas actividades desarrolladas en el mar y sus alrededores.
Entre los factores señalados se encuentra la exploración sísmica para la búsqueda de petróleo y gas, que utiliza emisiones acústicas capaces de afectar la orientación y la comunicación de los animales.
A esto se suma el tránsito de embarcaciones, que incrementa el riesgo de colisiones y puede alterar los desplazamientos migratorios. Los proyectos portuarios y la infraestructura industrial también generan preocupación por sus posibles consecuencias sobre los espacios utilizados por las especies marinas.
Otro riesgo está asociado con eventuales derrames de hidrocarburos en el mar, que pueden deteriorar la calidad del agua y afectar la trama alimentaria de la que dependen numerosos organismos.
Sin embargo, estas amenazas generales no constituyen, por sí mismas, una explicación comprobada de la mortandad que actualmente se investiga en las costas chubutenses. Determinar si existe alguna relación requiere estudios específicos y evidencia científica.
La campaña integra el proyecto Mamíferos marinos en los golfos Norpatagónicos: estudios de la trama trófica, análisis de la presencia de microplásticos, exposición a ficotoxinas y estudios de la estructura social, dirigido por la doctora Mariana Degrati.
La iniciativa cuenta con financiamiento de un Small Aid Grant de la Society for Marine Mammalogy, subsidio obtenido por la licenciada Camila Tavano Formigo.
El trabajo también impulsa la formación de nuevos profesionales. De esta investigación se desprenden la tesis doctoral de Tavano Formigo y la tesina de grado de Tomás Fossa, ambos bajo la dirección de Degrati y de la doctora Valeria D’Agostino, quienes participaron de las actividades en territorio.
El equipo pertenece al CESIMAR-CONICET y a la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), en su sede de Puerto Madryn. Las imágenes de las tareas de campo fueron registradas por el fotógrafo Joseba Bontigui.
Los investigadores, además, agradecieron la colaboración de Pinino Orri, Julián Romano y Javier Crespi durante los trabajos de muestreo.
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