La denuncia de Greenpeace volvió a poner en el centro de la escena a Puesto Guardián, en Lomas de Olmedo, un área del norte salteño reconocida oficialmente como Ecosistema Prioritario para la Conservación. Allí, un pozo petrolero abandonado se convirtió en una fuente de contaminación que, según organizaciones ambientales y comunidades originarias, está afectando la salud de la población local y generando un daño acelerado en la biodiversidad.
A unos 250 kilómetros de la capital provincial, sustancias y gases tóxicos se liberan sin control desde la estructura petrolera. El derrame avanza sobre el suelo y el agua, mientras los habitantes denuncian la muerte de animales, el deterioro del bosque y el desplazamiento de familias que ya no pueden permanecer en la zona. Las comunidades locales fueron las primeras en advertir sobre la gravedad del problema, que describen como un desastre ambiental silencioso.
La zona afectada está ubicada en la transición entre el Chaco Seco y las Yungas, una región donde conviven especies emblemáticas como el oso hormiguero, el ocelote, el pecarí labiado y la tortuga acuática chaqueña. También alberga una variada avifauna, entre ellas el ñandú, el águila coronada y el halcón pecho naranja. Según los informes de Greenpeace, este hábitat enfrenta un riesgo creciente de extinción debido a la contaminación.
Las imágenes registradas por la organización muestran la expansión de fluidos y gases a alta presión sobre el bosque. En menos de seis meses, la zona afectada se habría extendido a unas 20 hectáreas, generando un impacto directo en la fauna silvestre y doméstica y aumentando el riesgo de incendios en la región.
Mientras se desarrolla la COP30 en Belém, Brasil, Greenpeace llevó el caso a la agenda internacional. Desde allí, el vocero de la organización, Hernán Giardini, expresó su preocupación por la continuidad del derrame: señaló la contradicción entre el debate global para abandonar los combustibles fósiles y la existencia de un pozo petrolero abandonado en medio del bosque salteño sin planes de remediación.
Los reclamos también apuntan a la falta de respuestas de las autoridades y la ausencia de acciones por parte de la empresa vinculada al pozo, que habría abandonado la zona sin presentar un plan de reparación.
Desplazamientos y daños que se multiplican
De acuerdo con los testimonios recogidos por organizaciones locales, la contaminación obligó a decenas de familias a dejar sus hogares. El aire en el área cercana al pozo se volvió irrespirable, mientras que numerosas especies animales murieron por la exposición a sustancias tóxicas.
El especialista en biodiversidad Matías Arrigazzi señaló que “a pesar de las denuncias de los pobladores, aún no hay intervenciones concretas” y que la falta de soluciones agrava el impacto sobre el bosque y sus habitantes.
Las comunidades continúan reclamando medidas urgentes para detener la expansión del derrame, remediar el área afectada y garantizar condiciones seguras para retornar a sus viviendas. Mientras tanto, el pozo abandonado sigue liberando gases y fluidos, profundizando un daño ambiental cuyo alcance aún no ha sido delimitado por las autoridades.
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