Chernobyl salteño: Una oportunidad para poner fin a una herencia tóxica

• Por: Noemí Cruz, coordinadora de la campaña de Bosques de Greenpeace Andino.
Mientras el año termina y nos queda un balance ambiental absolutamente negativo, la esperanza para nuestros ecosistemas llega como siempre de la mano de la participación de la ciudadanía y la solidaridad.
Luego de más de dos años de reclamos de los habitantes del lugar, el gobierno provincial tuvo que escuchar la campaña en la que miles de personas acompañaron ese pedido y admitir la gravedad de la situación ambiental en Pichanal, donde un pozo petrolero abandonado contamina los bosques. Casi 30 mil personas se sumaron en 1 mes al reclamo que ya venían haciendo los vecinos y lograron una reacción en la dirección correcta.
En el decreto 826 recientemente publicado, el gobierno de Salta pone por escrito lo que los habitantes ya habían comprobado en sus hogares, su ganado, la biodiversidad de la zona y en su salud desde hace demasiado tiempo: el llamado “Chernobyl salteño” no es una metáfora alarmista, sino la expresión desesperada de quienes conviven con un desastre ambiental que creció al amparo de la indiferencia estatal y la desidia empresarial.
El decreto declara la caducidad de la concesión del área hidrocarburífera CNO-8 “Puesto Guardián” tras la quiebra de President Petroleum S.A. y ordena su reversión completa al Estado. Con esto, el yacimiento queda (aunque nunca dejó de estar) formalmente en manos de la Provincia, y constituye una admisión de que allí existe un pasivo ambiental y de seguridad. Es, en definitiva, el reconocimiento oficial de la responsabilidad sobre un crimen contra la naturaleza denunciado durante años por pobladores, organizaciones socioambientales y miles de personas que se sumaron al reclamo.
Pero es clave en esta instancia no confundir el reconocimiento con la resolución del problema. La mera recuperación estatal de las instalaciones no cierra el pozo, no detiene por sí misma la fuga de hidrocarburos, no recompone el bosque nativo arrasado ni repara el daño acumulado. Lo único que hace es poner fin a una concesión cuyo resultado fue una herencia tóxica.
Aquí aparece una alerta: el esquema propuesto podría transformarse, bajo la lógica del “mientras tanto”, en un permiso encubierto para continuar prácticas contaminantes o, peor aún, para diferir indefinidamente la responsabilidad de una remediación que debe ser seria, planificada y transparente, para lo cual Salta cuenta con profesionales calificados. El Estado provincial no debe permitir que el problema se convierta en continuidad disfrazada.
Lo que está en juego es mucho más que un expediente administrativo. Se abre para Salta una oportunidad: cerrar de manera definitiva uno de los mayores focos de riesgo ambiental de la región y avanzar hacia una verdadera recomposición ambiental y justicia ecológica para los pobladores afectados.
Mientras el papeleo e informes transcurren en la ciudad, Aureliano, habitante del lugar y uno de los principales afectados dice, con tristeza y preocupación: “Tipo 7 de la tarde, aquí en el bajo, se nota un gran cambio, se pone muy caliente el aire, no sé si tendrá que ver el gas…?”
Desde las organizaciones que lo y los acompañamos, seguiremos exigiendo que el bosque vuelva y con él la vida plena de quienes hoy sufren este infierno. Para esto, debemos ser muchos los ojos y diversas las voces puestos ahí, reclamando desde ahí. Para esto, contamos con la gente.
La historia dirá si este decreto es el inicio de la solución o apenas otro capítulo en la larga crónica de un daño que no se quiere enfrentar del todo.
Salta tiene aún un largo camino por recorrer en cuanto a la conservación de sus bosques nativos; si bien este es un caso duro, sabemos que hay muchos criminales de bosques acechando, que aguardan encender sus motores de muerte y seguir borrando nuestro futuro.
📌 Publicado por Diario InfoSalta




