
Una sobreviviente de Abuso Sexual Infantil (ASI) denunció que su agresor, sentenciado a ocho años de prisión permanece alojado en la dependencia policial desde hace casi cuatro años. La pena no se cumple en un penal y la cercanía cotidiana profundiza el miedo y la sensación de desprotección.
F.Q. vive en alerta constante. Aunque existe una sentencia firme, la ejecución de la pena nunca se tradujo en un encierro efectivo en el sistema penitenciario. El agresor fue condenado por el delito de abuso sexual simple, pese a que la propia víctima asegura haber sido “sometida a acceso carnal”, pero permanece alojado en la Comisaría N°1, con salidas visibles al exterior que reactivan el trauma de la joven que lo denunció.
El condenado es Rodrigo Maximiliano Gómez, de 37 años, ex militar, quien fue hallado culpable de abusar sexualmente de F. durante su infancia. La Justicia lo sentenció a ocho años de prisión, fallo que quedó firme y confirmado en todas las instancias.
Los abusos comenzaron cuando F. tenía ocho años y se extendieron durante años. Recién a los 16 logró comprender lo que le había sucedido y animarse a hablar. Primero fue en el espacio terapéutico. Luego pudo contárselo a su madre, la frase que aún resuena en la memoria de esta sobreviviente es: “esto es un juego de grandes que sólo podes jugar conmigo”.
La denuncia penal se formalizó en febrero de 2022, tras un proceso psicológico marcado por ansiedad, depresión y un intento de suicidio.
En ese mismo año, Gómez estuvo detenido y se le otorgó prisión domiciliaria, que debía cumplir en el paraje El Durazno, de esa ciudad. Sin embargo, según el testimonio de F. brindado a InfoSalta, esa medida nunca se respetó. “Nunca la cumplió, andaba en su camioneta paseándose en la ciudad de Metán”, aseguró.
En 2024 llegó la sentencia condenatoria. Desde entonces, y pese a la firmeza del fallo, Gómez no fue trasladado a una unidad penitenciaria. Permanece alojado en la Comisaría Nº1 desde hace casi cuatro años, con el argumento reiterado de falta de cupo carcelario.
El hecho que reavivó el miedo ocurrió el 16 de enero pasado, alrededor de las 17, cuando F. caminaba por el frente de la dependencia policial y se encontró con su agresor fuera del edificio, charlando con familiares. La escena la paralizó y reactivó recuerdos del abuso.
En diálogo con InfoSalta la víctima manifestó “tener miedo”, porque considera que “su abusador tiene privilegios”, el hecho puntual que describió fue lo que pasó el 16 de enero pasado cuando caminaba por frente de la comisaría: “para mi sorpresa lo ví afuera muy contento charlando con su familia, cuando comenté esta situación a mi madre y a mi familia, una pariente comentó que su madre fue a visitar a un interno en esa comisaría y quién la atendió fue el propio Rodrigo Maximiliano Gómez”.
Tras ese episodio, la familia pidió explicaciones a las autoridades policiales. Según relataron, “el comisario Fortunato Coria aseguró que se labraría un acta contra los efectivos que estuvieron de turno”, aunque por la información que pudo acceder InfoSalta no se informó sobre sanciones ni comunicaciones a Jefatura.
En este contexto, este medio consultó sobre esta situación a fuentes de la Comisaría N°1 de esa localidad, al respecto manifestaron: “Efectivamente está condenado a ocho años, pero no atiende la comisaría. Él colabora en la limpieza, construcciones que se hicieron en la dependencia, y la limpieza que se hace de la guardia, también por buena conducta se le permite recibir y requisar la comida de los internos”.
Esta fuente también informó que “La vez pasada salieron tres detenidos, en uno de esos estaba él, limpiaron todo el frente, estaban custodiados, cortaron el pasto, pintaron la comisaría”. Y agregó: “Son los que tienen buen comportamiento, no insultan a la policía, ni son rebeldes.”
Las mismas fuentes policiales indicaron que “Gómez solicitó beneficios penitenciarios y que algunos fueron rechazados”.
Asimismo, InfoSalta consultó con fuentes judiciales quienes manifestaron que “el arresto domiciliario fue negado”.
Mientras tanto, F. continúa viviendo con miedo. Siente que la condena se ejecuta más sobre su vida que sobre la del agresor.
“No busco venganza. Busco justicia”, manifestó a InfoSalta. Para esta sobreviviente de ASI, justicia es no volver a encontrarse con quien destruyó su infancia, sino que la pena se cumpla donde corresponde.
📌 Publicado por Diario InfoSalta.




