Los kioscos de barrio, durante décadas parte del paisaje cotidiano de las ciudades argentinas, atraviesan una crisis profunda. Según datos difundidos por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, entre 50 y 70 locales cierran cada día en el país, una cifra que refleja el derrumbe de uno de los rubros comerciales más extendidos.
Las estadísticas del sector, elaboradas a partir de registros de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, muestran una caída abrupta en la cantidad de puntos de venta activos.
En diálogo con Cadena 3, el vicepresidente de la entidad, Ernesto Acuña, explicó que el sector perdió 36.000 comercios en apenas 17 meses.
“En noviembre de 2024 éramos 96.000 kioscos activos. Por primera vez en décadas bajamos de los 100.000, cuando llegamos a ser 200.000 en un momento”, señaló. La última medición del sector es aún más contundente: quedan menos de 60.000 kioscos funcionando en todo el país.
Desde la entidad sostienen que el cierre masivo no responde a una sola causa. Entre los factores principales aparece el crecimiento de las grandes cadenas comerciales.
Según Acuña, el impacto se siente directamente en los barrios. “Por cada kiosco de cadena que abre, te cierran diez alrededor”, afirmó.
A este fenómeno se suma lo que el sector considera una expansión del rubro hacia otros comercios, donde productos tradicionales del kiosco comenzaron a venderse fuera de los canales habituales.
En la práctica, golosinas, bebidas y snacks pueden encontrarse hoy en farmacias, verdulerías o incluso corralones. Para los kiosqueros, esa diversificación del mercado erosiona la exclusividad histórica del negocio.
El contexto económico también golpea de lleno al sector. De acuerdo con la evaluación de los comerciantes, el consumo cayó alrededor de un 50% en comparación con tres años atrás.
El aumento sostenido de precios genera además un dilema cotidiano en el mostrador: trasladar las subas al consumidor o absorber parte del incremento para no perder ventas.
“La inflación mensual ronda el 5% o 6% y muchas veces no podemos trasladarla porque la gente no tiene margen para pagar más”, explicó el dirigente.
En ese escenario, muchos consumidores optan por alternativas más económicas, especialmente en productos de consumo habitual como los cigarrillos, donde crece la demanda de segundas marcas y promociones.
Con más de 27 años de experiencia en el rubro, Acuña describió un panorama en el que la continuidad de los comercios depende, muchas veces, de la trayectoria del comerciante y de la relación con proveedores.
En algunos casos, explicó, los mayoristas sostienen la cadena de abastecimiento gracias a vínculos construidos durante años.
“Estamos en la cornisa entre subir el precio y perder rentabilidad, o no subirlo y terminar quebrando”, señaló.
Mientras el número de kioscos sigue disminuyendo, el sector advierte que el fenómeno no solo afecta a los comerciantes, sino también a un modelo de comercio de cercanía que durante décadas formó parte de la vida cotidiana en los barrios de toda la Argentina.
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