Durante años tuvo que pelear por algo tan básico como un empleo con derechos. Denunció precarización, acoso y discriminación y se convirtió en una de las voces de la lucha por el cupo laboral trans. En 2023 volvió a quedar en el centro de una disputa política cuando no le renovaron su contrato municipal. Hoy vive en Buenos Aires y aquella mujer que tantas veces tuvo que defender su derecho a trabajar mira su historia desde otro lugar.
Hay personas que uno conoce por una noticia y, cuando vuelve sobre su historia algunos años después, descubre que detrás de aquel título había mucho más.
Thiara Virginia Caldez es una de ellas.
Su nombre apareció en InfoSalta en 2021, cuando la discusión por el cupo laboral travesti-trans acababa de convertirse en ley y, desde Metán, ella contaba lo que significaba para una mujer trans buscar un trabajo y sostenerlo en un pueblo del interior.
Tenía 38 años y llevaba cinco trabajando en el municipio. Pero tener un trabajo no significaba necesariamente tener derechos. Había ingresado bajo contratos de locación y durante años trabajó sin obra social, ART ni aportes previsionales. En ese momento también denunció situaciones de discriminación, amedrentamiento y acoso laboral.
Para Virginia, conseguir estabilidad significaba también demostrar que una mujer trans podía construir su vida de otra manera.
Su frase quedó registrada en aquella entrevista y permite entender mucho de lo que estaba viviendo: “Me van quitando la sonrisa día a día”. No era solamente una cuestión laboral.
Cuando Caldéz comenzó a trabajar en el municipio todavía no existía en Metán una ordenanza de cupo laboral trans. La norma recién fue aprobada en 2020 y recibió el nombre de “La Tía Janet”, en homenaje a Janet Ruiz, una enfermera trans reconocida por la comunidad de la diversidad de la ciudad por su lucha y por ser la única mujer trans que saltó el cerco de la prostitución en una época que las personas travestis solo eran empujadas a ese flagelo.
Pero la existencia de una ordenanza no resolvía automáticamente el problema.
Las organizaciones denunciaban que el cupo no se estaba implementando y que las personas trans continuaban encontrándose con enormes dificultades para acceder a empleos formales.
Contratar a una persona trans mediante un contrato precario no era inclusión. Era precarización.
En una entrevista de 2021 a este medio la mujer trans reclamaba que las autoridades dejaran de hablar de inclusión y comenzaran a garantizar derechos concretos.
También contaba que “durante la pandemia había pedido ayuda a distintas autoridades y que no había encontrado las respuestas que esperaba” Mientras tanto, seguía trabajando.
El día que volvió a quedarse sin trabajo
Dos años después, su historia volvió a hacerse pública. En mayo de 2023, Virginia denunció ante el entonces INADI que el municipio de Metán no le renovaría el contrato. Ella sostuvo que “se trataba de una persecución política porque durante la campaña electoral había trabajado haciendo publicidad a una candidata opositora al intendente José María Issa”, lamentablemente al quedar desvinculada quedó sola y los supuestos aliados le soltaron la mano.
Por dar la cara para “su candidata”, perdió seis años de trabajo en ese municipio.
Había pasado por distintos contratos y, en los últimos años, se desempeñaba en el museo. También explicó que su contrato más reciente incluía cobertura social y que percibía entre 60.000 y 70.000 pesos.
La Municipalidad dio otra versión.
Por ese entonces el intendente de Metán reconoció que el contrato no sería renovado, pero negó que la decisión tuviera relación con su militancia política. Según explicó, la desvinculación obedecía a publicaciones realizadas por Caldez en redes sociales que consideraba calumniosas y difamatorias. El intendente incluso señaló que evaluaba iniciar acciones judiciales.
Pero había algo que preocupaba especialmente: sin ese ingreso Virginia no sabía cómo iba a pagar el alquiler.
Otra vez aparecía la misma pregunta que había atravesado buena parte de su vida: ¿cuánto cuesta realmente conseguir una vida estable cuando se es una mujer trans?
“No quiero más lucha, quiero gozar de mis derechos”
Quizás la frase más fuerte que dejó Virginia a InfoSalta en aquellos años no fue una denuncia ni una acusación. Fue un pedido. “Al calabozo y a las calles no volvemos”, dijo.
Y enseguida explicó que estaba cansada de que la vida de las personas trans fuera presentada siempre como una lucha permanente.
Ella quería otra cosa. Quería trabajar. Quería pagar su alquiler.Quería tener derechos.
Quería, sencillamente, vivir.
“No quiero más lucha, quiero gozar de mis derechos, de leyes”, expresó en aquella entrevista.
Porque después de tantos años de reclamos y de tener que explicar una y otra vez por qué las personas trans tienen los mismos derechos que cualquier otra persona, Caldéz no estaba pidiendo privilegios. Estaba pidiendo tranquilidad.
Y un día se fue
Después de aquella etapa de ser usada por algunos y destratada por otros en Metán, la vida de Virginia tomó otro rumbo. Hoy vive en Buenos Aires. Trabaja en la Municipalidad de Lanús y milita por los derechos de otras personas en situación de vulnerabilidad.

La distancia no cambia lo que pasó. Pero sí permite mirar aquella historia desde otra perspectiva.
La Virginia que aparecía en las noticias era una mujer que tenía que salir públicamente a reclamar por trabajo.
La que hoy está lejos de aquel escenario carga con esa historia, pero también con todo lo que consiguió atravesar.
Ahora cuando Caldéz habla públicamente de lo que le ocurrió, no habla solamente por ella.
Su historia se convirtió en parte de una discusión mucho más grande; qué lugar tienen las personas trans en el mundo laboral y cuánto falta para que una ley de inclusión deje de ser una excepción y se convierta en una realidad cotidiana.
Del pueblo que la vio luchar a una ciudad donde empezar de nuevo
Buenos Aires es otra escala. Otra vida. Otra oportunidad.
Primero tuvo que pelear por un trabajo. Después, por conservarlo. También tuvo que defender sus derechos a pensar distinto y a reclamar.
Y ahora, lejos de aquel escenario, comienza otro capítulo. Tal vez por eso su historia no debería quedar reducida a la mujer trans que se fue de su pueblo natal. Tampoco a la trabajadora que perdió un contrato. Mucho menos a una víctima.
Virginia es también la mujer que siguió adelante cuando muchas veces parecía que todo volvía a empezar desde cero. La que aprendió que la lucha por los derechos no termina cuando una ley es sancionada.
Y la que, después de tantos años de pedir que la dejaran trabajar y vivir dignamente, hoy tiene la posibilidad de mirar hacia atrás y decir que sobrevivió a una etapa que alguna vez parecía no tener salida.
De Metán a Buenos Aires hay cientos de kilómetros. Pero en el caso de Virginia, la distancia también representa otra cosa: El camino entre la mujer que durante años tuvo que reclamar un lugar y la mujer que hoy intenta construir una vida en sus propios términos.
📌 Publicado por Diario InfoSalta