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Alerta en el NOA: El Pasto Cubano amenaza calles, baldíos y campos

Lo que muchos creen un toque de color en las rutas del NOA es, en realidad, una planta que pone en riesgo cultivos, ecosistemas urbanos y la seguridad de todos.

Si transitás las rutas del NOA durante el otoño o a comienzos del invierno, probablemente hayas visto franjas de flores amarillas que bordean banquinas, baldíos o veredas. Esa planta alta y robusta es el Pasto Cubano, también llamado Girasolillo, una especie invasiva que se ha convertido en un problema tanto rural como urbano.

Originaria de Centroamérica, llegó a Salta y Jujuy en los años 60 y desde entonces se ha expandido por toda la región. Su crecimiento es notable, puede alcanzar hasta 4 metros de altura en pocos años, y cada planta produce decenas de miles de semillas que se dispersan con facilidad a través del viento, aves, agua o maquinaria.

Esta capacidad de colonización le permite competir con cultivos como maíz, soja, caña de azúcar o sorgo, así como con plantas ornamentales.

Riesgos en zonas urbanas y rurales

En las ciudades, el Pasto Cubano invade baldíos, veredas y espacios públicos, acumulando material altamente inflamable al secarse. Esto aumenta el riesgo de incendios que pueden afectar:

Seguridad vial: visibilidad reducida por vegetación alta y humo.

Salud: impacto en personas vulnerables por polvo y humo.

Infraestructura: peligro para viviendas y servicios públicos.

Ambiente urbano: pérdida de espacios verdes y paisajísticos.

En el campo, además de reducir la productividad y degradar el suelo, desplaza especies nativas esenciales para la apicultura. La reducción de flora visitada por abejas afecta la polinización y la producción de miel, con consecuencias directas en los ecosistemas locales.

¿Qué se puede hacer?

No se necesita ser agrónomo para colaborar en la prevención:

• Limpiar baldíos y cortar plantas antes de que florezcan.

• Evitar quemas en épocas de riesgo.

• Aplicar herbicidas solo con asesoramiento profesional.

• Denunciar lotes abandonados y exigir mantenimiento de banquinas y espacios públicos.

Hasta ahora, las acciones fueron aisladas y descoordinadas, lo que facilitó la expansión de la maleza. En Salta, por ejemplo, se capacita a productores y personal de rutas para manejarla, pero el éxito depende del compromiso de municipios, provincias, instituciones, productores y vecinos.

El manejo recomendado combina limpieza regular, arranque mecánico, control químico profesional y cuidado en el transporte de semillas.

El Pasto Cubano ya no distingue entre campo y ciudad, y su control requiere acción coordinada de toda la comunidad para proteger nuestra seguridad, salud y ambiente.

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