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El Pilcomayo desbordado: 60 familias wichi en alerta máxima por la crecida récord del río

El río Pilcomayo volvió a marcar su fuerza en el extremo norte de Salta. La crecida más significativa de la temporada ya provoca complicaciones en Misión La Paz, donde el agua ingresó sobre la ruta provincial 54 y mantiene en situación de riesgo a unas 60 familias de la comunidad wichi de Misión Km II.

El avance del caudal se registra a unos dos kilómetros del puente internacional que conecta con Pozo Hondo, Paraguay. Allí, personal y maquinaria de Vialidad Provincial trabajan de manera ininterrumpida para sostener la traza y evitar que el agua termine de romper la ruta. Sin embargo, las defensas improvisadas y las obras de contención realizadas con anterioridad fueron superadas por el volumen del río, que continúa creciendo.

La ruta 54 es el único acceso terrestre para varias comunidades de la zona. Su afectación no sólo compromete la circulación, sino que también expone de manera directa a los asentamientos cercanos al cauce. En Misión Km II, además de las viviendas, funciona la escuela primaria N° 4762, que podría quedar expuesta si el desborde avanza.

Referentes indígenas advirtieron que el escenario se volvió crítico en las últimas horas. Hugo González, vocero de la comunidad wichi, explicó que el peligro dejó de ser una posibilidad para convertirse en una amenaza concreta. “Antes decíamos que la ruta estaba en peligro; hoy el agua ya llegó. Si rompe, el río pasa directo a la comunidad”, señaló.

La preocupación se extiende más allá del límite provincial. Desde el Sistema de Alerta Temprana confirmaron que la situación también es delicada aguas arriba, en territorio boliviano. En Villamontes y en el puente Aruma, los niveles del Pilcomayo continúan en ascenso y se prevé que el pico de la crecida impacte con mayor intensidad en Salta durante las próximas horas.

Mientras tanto, las familias wichi permanecen en alerta, siguiendo de cerca el comportamiento del río que históricamente marca el ritmo de la vida en la región. La combinación de lluvias intensas en la cuenca alta y el aumento sostenido del caudal vuelve a poner en primer plano la vulnerabilidad de las comunidades ribereñas frente a un fenómeno natural que, una vez más, avanza sin dar tregua.

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