Sociedad

Gaza: Entre la guerra tecnológica y la apatía global

• Por: Rita Caliva

La Franja de Gaza se ha convertido en un escenario emblemático que refleja no solo un conflicto enraizado en la historia, sino también la intersección de la tecnología moderna y la falta de respuesta emocional de la sociedad global. Mientras el mundo observa con creciente apatía, Gaza emerge como un “laboratorio” donde se prueban tácticas militares y enfoques para el control social sin precedentes.

Las nuevas tecnologías, como drones y sistemas de vigilancia avanzada, han transformado la forma en que se llevan a cabo los conflictos. Sin embargo, estas innovaciones también han deshumanizado la realidad del sufrimiento cotidiano. La saturación de imágenes de tragedias, al ser consumidas a través de las redes sociales, ha llevado a un fenómeno de desensibilización. Lo que una vez pudo haber generado un llamado urgente a la acción se ha convertido en parte del “ruido” diario de la información.

La desconexión emocional se ha vuelto fundamental para el dominio y la manipulación de la información. Este fenómeno representa el sueño de todo dictador y refleja lo que en su momento se denominó el “nuevo orden mundial”, el cual parece estar alcanzando su punto cúlmine. Las figuras públicas, como Elon Musk, que han sido vistas utilizando el saludo nazi, y políticos como el presidente Javier Milei, con su retórica de odio y desprecio, parecen no movilizar a la sociedad en su mayoría. El consenso por una democracia, en muchos países, se ha puesto en jaque, y la política mediática de entretenimiento solo beneficia a la oligarquía y a los millonarios, tanto en Argentina como más allá de sus fronteras.

A pesar de la magnitud de crisis como la pobreza y el hambre, la respuesta colectiva ha sido tibia. Cifras alarmantes sobre la desigualdad y el sufrimiento humano compiten por nuestra atención, pero, en lugar de movilizar la acción, crean un ciclo de apatía. La facilidad de compartir contenido en línea ha llevado al “clicktivismo”, donde la participación se limita a un simple “me gusta”, mientras el compromiso cívico y la acción tangible declinan.

Este fenómeno es reflejo de una crisis más amplia en la representación política. La desconfianza hacia las instituciones y la percepción de que los políticos son incapaces de abordar los problemas reales han fomentado el desinterés en la participación ciudadana. En un entorno donde las redes sociales predominan, la política a menudo se convierte en un espectáculo superficial que eclipsa las necesidades y reivindicaciones de la población.

La modernidad ha traído consigo una paradoja: estamos más conectados que nunca, pero emocionalmente más desconectados de los problemas que enfrentamos. La necesidad de reexaminar nuestro compromiso emocional y cívico es urgente. Es esencial encontrar formas de reconectar con el sufrimiento humano y empoderar a las comunidades para actuar desde la empatía y la compasión.

A medida que el mundo observa la continuación del conflicto en Gaza, queda claro que una respuesta significativa requiere más que palabras: demanda una reconexión con nuestro sentido de humanidad y un compromiso activo para enfrentar las crisis que nos rodean.

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