Cerró una histórica textil y 260 familias quedaron sin trabajo, el impacto de la crisis que golpea al sector

La crisis de la industria textil argentina volvió a mostrar su cara más cruda. La empresa Emilio Alal, fundada en 1914 y considerada una de las firmas históricas del sector, confirmó el cierre total de sus plantas productivas en las provincias de Corrientes y Chaco, una decisión que dejó más de 260 trabajadores desvinculados y marcó el final de una trayectoria centenaria.
La compañía comunicó la medida a su personal mediante un comunicado interno en el que explicó que el escenario económico actual volvió inviable la continuidad de la actividad. Según detalló, no se proyectan cambios significativos ni en el corto ni en el mediano plazo que permitan revertir la situación.
Entre los factores que precipitaron el cierre, la firma señaló la apertura de importaciones de hilados, telas y prendas de vestir, tanto nuevas como usadas, en un contexto de debilitamiento del consumo interno. A esto se sumaron el incremento de los costos financieros, laborales y energéticos, junto con una alta presión impositiva, que terminaron de deteriorar la ecuación productiva.
El caso de Emilio Alal no es aislado. En los últimos meses, distintas empresas del rubro redujeron turnos, frenaron inversiones o directamente cerraron sus plantas. Uno de los ejemplos recientes es el Grupo Dass, fabricante de calzado deportivo para marcas internacionales, que desvinculó personal en su planta de Misiones y mantiene su producción garantizada solo hasta mediados de este año.
Las cifras oficiales dimensionan la magnitud del problema. De acuerdo con datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad del sector registró una caída interanual del 24% en octubre de 2025. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 32,5%, mientras que desde diciembre de 2023 se perdieron más de 16.000 empleos formales.
El cierre de una empresa con más de cien años de historia no solo refleja el deterioro de un sector clave de la economía, sino que también expone el impacto social de una crisis que avanza sobre el empleo industrial y golpea con fuerza a las economías regionales del norte argentino.
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