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Los perros del “Polaco” Riemersma hace dos días lo esperan en el portón, no pudieron despedirlo y su amigo reveló que “las camionetas ya no están”

El reconocido proteccionista murió tras un accidente de tránsito en Santiago del Estero y fue despedido el viernes en Bandera, su ciudad natal. En El Montecito de los Canichones quedaron los animales que acompañaron durante años su vida y su trabajo. Según personas vinculadas al refugio, todavía esperan verlo llegar.

El portón de El Montecito de los Canichones tiene estos días una espera distinta. Del otro lado están los perros que durante años conocieron la voz, los pasos y la presencia cotidiana de Eduardo Groh Riemersma, “El Polaco”. Hace dos días, según Soledad Castelli, una contadora y dueña de una veterinaria vinculada al refugio, “permanecen allí aguardando que vuelva”. Pero Riemersma no va a regresar.

El proteccionista murió después de un accidente de tránsito y este viernes sus restos fueron trasladados a Bandera, la ciudad donde nació. Pasadas las 13, la unidad de traslado llegó hasta la sala velatoria ubicada sobre avenida de los Agricultores, donde familiares, amigos y allegados comenzaron a despedirlo.

Los perros, en cambio, quedaron en El Montecito. De acuerdo con lo señalado por personas cercanas al refugio, la familia de Riemersma no trasladó su cuerpo para que sus animales le dieran el último adiós.

La situación generó especial conmoción entre quienes conocían la relación que el Polaco mantenía con los animales. Muchos de ellos habían formado parte de su vida durante años y eran, para él, mucho más que los habitantes de un refugio.

El vacío que deja el fundador

La muerte de Riemersma también abrió una etapa de incertidumbre para El Montecito de los Canichones, una organización que construyó y sostuvo durante casi dos décadas.

Mientras sus restos eran despedidos en Bandera, quienes estuvieron cerca de su trabajo comenzaron a pensar cómo continuar con una estructura que durante años tuvo su figura como principal referente.

Uno de ellos es Martín Cabral, referente de los guardavidas y amigo cercano del Polaco, quien habló sobre la situación en La Mañana de Info. Cabral lo recordó como un “compañero de lucha” y un “sostén”. Durante la entrevista también contó que, después de conocerse su muerte, algunas personas comenzaron a preguntar por sus vehículos.

Ayer había gente preguntando a nombre de quién estaban sus vehículos y queriendo llevarse y si le correspondía”, afirmó.

Después agregó: “Las camionetas ya no están”. El dirigente no identificó a las personas a las que se refería ni formuló acusaciones. Por el contrario, pidió prudencia ante lo que pudiera ocurrir con las pertenencias de Riemersma.

Están consternados y nadie entiende nada, entonces no se puede hablar”, sostuvo.

También habló sobre el vínculo familiar del proteccionista y contó que, según las conversaciones que había mantenido con él, tenía poco contacto con algunos de sus hermanos. Aclaró, sin embargo, que una distancia familiar no necesariamente implica ausencia de afecto.

A veces uno no ve a sus familiares por años y por distintas razones, y eso no quita que sienta cariño”, manifestó.

Cabral definió además el lugar que Riemersma había alcanzado entre quienes compartían su tarea: “El Polaco es nuestro, trascendió a su familia. No es para entrar en polémica, pero el Polaco es de todos”.

De autos de lujos al rescate de miles de perros

Hubo una época en la que la vida de Eduardo transcurría muy lejos de los perros abandonados y de las necesidades de un refugio. Era licenciado en Marketing, tenía una empresa de servicios y había trabajado para George Soros. Según contó en una entrevista realizada en 2023, viajaba en primera clase, tenía autos de lujo y llevaba una vida ligada a las fiestas electrónicas. “Vivía dentro de la Matrix”, resumió entonces al recordar aquellos años.

Todo comenzó a cambiar después de que apareciera Beethoven, un perro mestizo que llegó a su vida en 2003. A partir de aquel encuentro empezó a mirar de otra manera a los animales que encontraba abandonados en las calles y en las rutas. Los rescates fueron cada vez más frecuentes hasta que tomó una decisión que modificó definitivamente su rumbo; vendió su empresa y destinó parte del dinero a construir El Montecito de los Canichones.

Un proyecto que deberá continuar sin él

Para Cabral, uno de los mayores desafíos será sostener la obra que Riemersma dejó en marcha. Recordó que el proteccionista había asumido una tarea de enormes dimensiones y describió el proyecto como algo “faraónico”.

Durante las inundaciones en Bandera, ambos habían pensado en conseguir vehículos que les permitieran desarrollar sus respectivas tareas. Uno sería destinado a los guardavidas y otro a las necesidades de El Montecito. Con el tiempo lograron concretar aquel objetivo.

Hoy lo teníamos”, recordó Cabral. Sobre el futuro de la organización, explicó que existen mecanismos legales para garantizar su continuidad y que las asociaciones cuentan con procedimientos para determinar cómo seguir adelante.

Aun así, reconoció que la ausencia de quien durante años fue su principal impulsor será difícil de reemplazar.

No va a ser lo mismo el Montecito sin él. Estoy seguro, completamente, por la impronta que le puso”, afirmó.

La despedida del refugio

El propio Montecito también se expresó después de conocer la muerte de su fundador.

En sus redes sociales, la organización publicó un mensaje en el que lamentó la noticia y recordó a quien estuvo al frente del refugio durante tantos años.

Entre las palabras elegidas para despedirlo apareció una frase que quedó especialmente marcada entre sus seguidores: “Nunca dudes de la semillita que dejaste en cada rincón de este mundo”.

El mensaje fue acompañado por las muestras de dolor de personas que durante años siguieron el trabajo de Riemersma y de quienes conocieron de cerca su tarea con los animales.

“25.000” perros y un objetivo para 2028

En las últimas horas también comenzó a circular una conversación privada que Sofía Bogado compartió en Facebook.

Se trata de una captura de pantalla de un intercambio que había mantenido con Riemersma antes de su muerte. En esos mensajes, el Polaco hablaba de uno de sus proyectos a futuro y mencionaba “el hospital público veterinario” para 2028.

En otro momento de la conversación hizo referencia a la cantidad de animales que habían pasado por su vida durante sus años de trabajo. “¿Sabés cuántos perros pasaron por mi vida estos últimos 21 años? 25.000. Yo hice mi parte”, escribió.

Pero también dejó claro que todavía tenía objetivos pendientes. En ese mismo intercambio insistió en la necesidad de realizar castraciones masivas y volvió a mencionar la creación de un hospital público veterinario.

Era una preocupación que seguía presente en sus conversaciones y que formaba parte de la mirada que tenía sobre las políticas de protección animal.

Ahora el refugio tiene que seguir sin él. Y mientras en Bandera familiares, decidieron por él y lo sepultaron lejos de su tan amado Montecito.

Según quienes están allí “todavía esperan que vuelva”.

Ellos no estuvieron en la sala velatoria. No pudieron acompañarlo en su último adiós. Su despedida, quedó pendiente en el lugar donde Riemersma eligió pasar buena parte de sus últimos 21 años con los que él llamó “su familia”.

📌 Publicado por Diario InfoSalta

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