Actualidad

Romero, el candidato secreto de Urtubey

Urtubey se guarda en la manga la posibilidad de designar a su sucesor. Pero en Salta, quien más quien menos sabe que el único que garantiza a Urtubey una protección contra eventuales ataques judiciales es Juan Carlos Romero.

Falta todavía ajustar algunos detalles, pero la operación principal ya está en marcha. Cuando falta apenas un año para que Salta elija a un nuevo Gobernador, casi todo indica que la sucesión en el poder no se producirá en una competencia electoral abierta, sino que lo que habrá será un job swap entre los dos últimos gobernadores, al estilo del que protagonizaron en Rusia Dmitry Medvedev y Vladimir Putin.

De producirse este cambio -es decir, si Romero reemplaza a Urtubey como Gobernador y, a su vez, Urtubey reemplaza a Romero como senador nacional- ya no habrá ya ninguna duda: Salta se confirmará como una democracia iliberal, sin importar qué tan limpio sea el proceso electoral.

Lo que está bastante claro es que, a fin de cubrirse las espaldas en Salta y en caso de que los peronistas del conurbano bonaerense nieguen el apoyo a su candidatura presidencial, Urtubey solo puede jugar su futuro a las manos de Romero. Nadie mejor que el exgobernador para garantizarle al actual Gobernador un aterrizaje suave en su propia tierra.

Porque aun en el caso de que Urtubey sea elegido senador nacional, sabe que el escaño ya no sirve como escudo para detener una eventual persecución judicial a partir del 11 de diciembre de 2018. Solo podrá dormir tranquilo el actual Gobernador si él se comporta de una forma diametralmente opuesta a la que él puso en escena aquel fatídico año 2007. Es decir, Urtubey deberá abrirle a Romero las puertas del Partido Justicialista, que se cerraron malamente para él hace algunos años, y permitirle encabezar la candidatura del PJ a la Gobernación de Salta, asegurándole al mismo tiempo el apoyo del macrismo. Para Urtubey, que ya consiguió frenar todos los procesos judiciales contra Romero, impulsados por él mismo hasta hace no mucho tiempo, será muy fácil instalar a Romero como candidato macro-peronista (por utilizar un neologismo que comprende tanto a Macri como al Banco Macro).

A cambio de esta generosa alfombra roja, Romero se asegurará de que Urtubey no sufra la más mínima molestia judicial. ¡Que nadie le tosa! Y si llegara a hacer falta -es decir, si los números se presentaran dudosos- ninguno de los dos tendrá el más mínimo reparo de lanzar en cuestión de pocas horas la reforma de la Constitución, para que los jueces de la Corte de Justicia que designaron entre los dos se conviertan en vitalicios y les aseguren una impunidad cómoda y duradera.

Tanto Romero como Urtubey tienen equipos trabajando en esta dirección. Lo saben, entre otros, Gustavo Sáenz y Alfredo Olmedo, potenciales víctimas de la operación putinesca.

En tiempos de tanta agitación ideológica, de definiciones tajantes y de urgencias apremiantes, el job swap dejará a casi todos contentos, por su coherencia, que es casi inobjetable. No importa que Salta sea clasificada entre las democracias iliberales del planeta. Enterrado el kirchnerismo -más tarde por Urtubey que por Romero- cualquier solución más o menos conservadora o reaccionaria tiene grandes posibilidades de acaparar los votos en Salta, con un mínimo sacrificio de imagen.

Romero vuelve al ruedo más viejo pero no más diablo. Es decir, regresa a los primeros planos de la política con la sabiduría menguada de quien sabe que le basta con la chequera para volcar un resultado, casi sin despeinarse. Urtubey se marcha del cargo con una gran experiencia rosquera, con un historial de vuelos solo superado por Yuri Gagarin, pero con una nula experiencia de gobierno, pues cuantas veces ha tenido ocasión de eludir sus responsabilidades las ha eludido. El futuro de Salta y de los salteños está en manos de ellos y de ese enjambre de gente pequeña que vende pequeñas soluciones a cambio de un puesto más o menos estable en el Estado.

En el horizonte no se atisba a posibles contradictores. Tampoco aparecen en el aire las ideas que se necesitan para cambiar este estado de cosas. ¿Para qué pensar, si el trabajo que en cualquier sociedad civilizada hacen las ideas en Salta lo hacen los millones?

Romero y Urtubey se sucederán el uno al otro, como en Rusia o en cualquier otra falsa democracia; gobernarán el tiempo que ellos decidan, sin más límite que su propio capricho y hundirán en el desencanto a cientos de miles de salteños que no habrán conocido más que a dos gobernadores en más de un cuarto de siglo. Podríamos echarle la culpa a la miopía de los ciudadanos, pero nos quedaríamos cortos. La culpa es de la mala política, que nos ha llenado la plaza de malos políticos, de personajes encantadores en las distancias cortas, de millonarios campechanos, de aristócratas sin modales, de estadistas de andar por casa, sin fondo de armario mental, sin altura de miras, sin una idea ni siquiera aproximada del mundo en el que viven.

Y lo peor de todo es que esta sucesión se hará de una forma inobjetablemente democrática, como si nuestra democracia no hubiera aprendido nada en treinta y cinco años, como si ya no tuviera nada mejor para dar, que estos dos pobres fantasiosos cegados por la ambición y mareados por los millones.

 

 

 

 

 

 

Fuente: Noticias Iruya

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al botón superior