Una ventana abierta, luces encendidas y una cama vacía. Ahí donde debía estar Madeleine McCann durmiendo, sólo se encontraban su manta rosa y, muy cerca, su infaltable cuddle cat, el peluche del que la pequeña de tres años nunca se separaba.

La noche del 3 de mayo de 2007, mientras su familia pasaba sus vacaciones en un resort ubicado en la ciudad balnearia de Praia da Luz, en la región de Algarve, al sur de Portugal, desapareció aquella niña y su caso –todavía sin resolver– se convirtió en un misterio que conmueve al mundo hasta la actualidad.

Se habló de un secuestro, de una supuesta red de trata que la buscó por sus características físicas. También de un supuesto pederasta local. Se llegó a investigar a los padres de Maddie, Kate y Gerry, que por un tiempo estuvieron procesados en la causa: los acusaban de haber ocultado un presunto accidente doméstico que habría terminado con la vida de la niña. Los ojos también estuvieron puestos sobre la policía portuguesa, que tardó en llegar aquella noche y tuvo movimientos algo medrosos a lo largo de la pesquisa. INFOBAE

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