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La Virgen del Rosario reunió a Saravia y Cargnello dejó un mensaje: “La última palabra la tiene el amor”

En la fiesta patronal de la ciudad anteña, el arzobispo de Salta presidió la misa y llamó a fortalecer los vínculos familiares, asumir las responsabilidades personales y acompañar a niños y jóvenes. La celebración también marcó el inicio de los festejos por los 60 años de la parroquia.

La comunidad de Apolinario Saravia honró este miércoles a Nuestra Señora del Rosario con una procesión y una misa presidida por el arzobispo, Mario Antonio Cargnello. Durante la celebración, el religioso invitó a reflexionar sobre los conflictos que atraviesan las familias y la sociedad, y recordó que el amor, el respeto y la capacidad de perdonar son fundamentales para construir una comunidad más unida.

La jornada tuvo un significado especial para la parroquia, que comenzó las actividades por sus 60 años bajo el lema “Crezcamos en la fe en comunidad”. Cargnello agradeció al padre Óscar Giménez por la invitación y reconoció la participación de los fieles y las familias que se acercaron a expresar su devoción a la Virgen.

Entre las autoridades presentes estuvieron el intendente Marcelo Moisés; el diputado Juan Pablo Cuellar; el presidente del Concejo Deliberante, Alejandro Sánchez; y el intendente de General Pizarro, Francisco Pérez, junto con otros funcionarios.

Durante su homilía, el arzobispo tomó como punto de partida el relato bíblico del Génesis para abordar una pregunta sobre el origen del mal y las conductas que deterioran las relaciones humanas. Habló de los enfrentamientos familiares, las peleas entre vecinos y las situaciones en las que quienes tienen mayores posibilidades abusan de los más vulnerables.

“Todos podemos hacer daño”, advirtió, al señalar que esa responsabilidad atraviesa las distintas etapas de la vida y alcanza tanto a padres como a hijos y parejas.

En ese sentido, destacó la importancia del afecto durante la infancia y sostuvo que los cuidados materiales no alcanzan si no están acompañados por amor, cercanía y reconocimiento. “Nos necesitamos los unos a los otros”, expresó, al plantear la contradicción de una sociedad en la que las personas necesitan de los demás, pero muchas veces terminan enfrentándose y dañando sus propios vínculos.

Cargnello también se refirió a las dificultades matrimoniales y al sufrimiento que pueden experimentar los hijos ante las separaciones. Su reflexión se extendió a las guerras, las injusticias, el abandono infantil y los problemas que afectan a adolescentes y jóvenes, entre ellos el consumo de drogas.

A partir de la historia de Adán y Eva, cuestionó la tendencia a responsabilizar a otros por los propios errores sin revisar las conductas personales. Frente a esa actitud, planteó la necesidad de reconocer las equivocaciones y asumir el compromiso de cambiar.

“La última palabra no la tiene el mal, no la tiene la mentira, no la tiene el abuso, no la tiene la destrucción, sino que la última palabra la tiene el amor”, afirmó ante los fieles.

El arzobispo sostuvo que ese mensaje debe traducirse en hechos concretos: acompañar a quienes atraviesan dificultades, respetar a los demás, perdonar y estar dispuestos a comenzar de nuevo.

Al referirse a la Virgen del Rosario, también destacó su ejemplo de fe y servicio. Recordó el pasaje bíblico en el que María recibe el anuncio del ángel y señaló que su respuesta muestra una actitud que no excluye las preguntas, sino que busca comprender y crecer.

Además, explicó el sentido del rosario como una forma de contemplar los distintos momentos de la vida de Jesús. Para hacerlo más cercano, recurrió a una comparación con Lionel Messi; señaló que conocer verdaderamente a alguien implica mirar más allá de lo que hace y prestar atención también a sus relaciones y a su manera de vivir.

En el marco del aniversario parroquial, Cargnello recordó la devoción de las familias a Nuestra Señora del Rosario y a otras advocaciones marianas, como la Virgen del Milagro, Urkupiña y Huachana. También mencionó que visita la zona desde hace 27 años y valoró los cambios que, según expresó, pudo observar a lo largo del tiempo gracias al trabajo de los vecinos.

La celebración, sostuvo, debe servir para renovar el compromiso de la Iglesia con la unidad de la comunidad. En particular, pidió prestar atención a los niños, adolescentes y jóvenes, y convocó a las familias a acompañarlos en su crecimiento y en la construcción de su futuro.

“Vamos a trabajar con y para ustedes de hacer un Apolinario Saravia mejor”, expresó. Hacia el final de la homilía, el arzobispo volvió sobre la responsabilidad individual y la posibilidad de contribuir a una convivencia diferente desde las decisiones cotidianas. “Yo también soy responsable. Y yo puedo hacer algo para ser mejor, chico o grande”, concluyó, en un mensaje que vinculó la devoción a la Virgen del Rosario con el compromiso de construir una comunidad más solidaria.

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