Adiós a un ícono: cerró la sandwichería “El Nacional”

Con más de 30 años, el famoso carro de comidas ya era una tradición para los salteños. Aún no está definida una reapertura.

Al mismo que le debe su nombre, al Colegio Nacional, también le debe ahora su cierre. La mítica sandwichería salteña cerró su ventana y no volverá a abrirla, al menos no como la conocíamos todos. La institución educativa fue la que solicitó su desalojo, y la Justicia dio lugar al pedido luego de varios intentos por parte de su dueño de evitarlo. Aún no hay certeza si volverá a abrir, aunque la intención es quedarse en el mismo lugar, pero ocupando otro espacio y con otra modalidad. La clientela quedó sorprendida y lamentaron “la pérdida”.

“¿Vamos al Nacio por una milanesa?”, esa pregunta que podía variar su última palabra por pancho con poncho, lomito, hamburguesa, o por “la nueva estrella de la sandwichería”, y que era una invitación pocas veces rechazada, ya no será escuchada; o al menos por ahora.

La famosa sandwichería se fue con el año pasado, cerró el 30 de diciembre. Al verla cerrada en enero, los más esperanzados pensaron que era normal, ya que los sandwicheros solían tomarse ese mes de vacaciones, pero llegó febrero y no había aún señales de apertura. Con la llegada de dos hombres a sacar el techo del carro se confirmó lo que fue una penosa noticia para muchos, El Nacional se iba.

El propietario del local, Ángel Migliorino, le contó a El Tribuno que tenían hasta el 28 de febrero para irse. “Si no me mandaban a desalojar con la fuerza pública”, dijo. Si bien el conflicto no es nuevo, se había logrado en otras oportunidades llegar a un acuerdo con las autoridades del colegio para no tener que irse, esta vez no se pudo, y los procesos legales prosperaron hasta darle luz verde a la intención de las autoridades del colegio, que la sandwichería se vaya. “En septiembre del año pasado nos presentaron el mandamiento para el desalojo, de ahí hasta la fecha estuve tratando de llegar a una solución reuniéndome con la directora y autoridades del Ministerio de Educación, pero no prosperó ningún pedido, no se llegó a ningún acuerdo”, relató Migliorino.

Del local dependían 6 familias, más los proveedores. “Era el único sustento de las familias”, dijo.

Además, con la existencia del comercio también se veía beneficiado un comedor del barrio San Ignacio, el cual era prácticamente sostenido por la sandwichería. Ahora, solo uno de los empleados continúa a cargo de Migliorino, a la espera de que vuelvan a abrir.

El propietario está decidido: “Sigue habiendo posibilidad de que se pueda habilitar”.

Los que tienen la firme decisión de lograr sus objetivos, buscan nuevas formas, es lo que hará Migliorino. “Presenté una propuesta de trabajar como food truck en la calle, en el mismo lugar”, dijo. Los food trucks son una de las últimas tendencias, lo que era el carrito callejero de comida, ahora se presenta con un nuevo rostro, moderno, colorido y equipado.

El viernes por la noche se continuó con el desmembramiento de las estructuras con autoelevadores, dando claras señales que el cierre es definitivo, al menos en ese mismo espacio.

Pelea de años

El carro metálico estuvo por 33 años, era furor, sobre todo durante las madrugadas. La disputa es de vieja data, dio sus primeros pasos en el paseo Güemes, luego, en 1994, se trasladó a la vereda del Colegio Nacional, sobre la actual avenida Bicentenario de la Batalla de Salta, y allí estuvo hasta hace unos días. Los vaivenes legales se iniciaron desde que prácticamente llegaron al lugar.

El Nacional nunca debería haber estado en la vereda, la idea inicial era que estuviera dentro del colegio. “El colegio quería recaudar fondos para construir un gimnasio techado y me ofrecieron un espacio para construir una sandwichería, hice los planos, firmamos contrato, la construí, estaba a 3 días de inaugurarla, pero no pude abrirla porque dos profesores se opusieron”, recuerda el propietario de tal vez la sandwichería más conocida de la ciudad. Desde ese entonces, nunca se trasladó, y quedó en la vereda. Con el local construido e incluso equipamientos adquiridos, comenzó la peregrinación judicial.

En el 2016 hubo una audiencia en la que parecía haber un principio de resolución. “Llegamos a un acuerdo dónde debíamos entregar el local que habíamos construido adentro, además, debíamos hacer una pared divisoria entre el carro y el colegio, la directora del colegio le dijo a los abogados que estaba de acuerdo”, relató.

El problema, sin embargo, continuó ya que el local quedaba por más de medio metro dentro del predio educativo. “Aunque quise pagar por el alquiler como lo hice en algún momento con la cooperadora del colegio, ni el Ministerio de Educación ni la directora accedieron, los dos se tiraban la pelota, así que le pagaba a la Municipalidad por el derecho a piso”, informó el comerciante.

La sandwichería llegó a ser reconocida no solo por sus productos, sino porque los clientes hicieron del espacio, un lugar de encuentro dónde se comía distendido, de pie o sentado en el capó del auto con los amigos. Estaban incluso los que llegaban solos a comer “algo al paso” más por compañía, y se quedaban conversando largo rato con los sandwicheros. “Tenemos el apoyo total de los clientes, nos dicen que es una pena total el cierre”, concluyó apenado Ángel Migliorino.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: El Tribuno

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