Alertan por el futuro de la Ruta 40: Piden un plan urgente para evitar un desarrollo sin control

Durante décadas, la Ruta Nacional 40 fue identificada principalmente como una de las carreteras más extensas y emblemáticas de la Argentina. Sin embargo, el escenario que atraviesa actualmente excede la cuestión vial. A lo largo de sus más de 5.000 kilómetros, que conectan el Noroeste, Cuyo y la Patagonia, comienzan a consolidarse transformaciones económicas y productivas que, según distintos análisis, requieren una estrategia de desarrollo de largo plazo.
El abogado José Armando Caro Figueroa sostiene que el corredor se encuentra en el centro de un cambio estructural vinculado con la expansión de actividades como la minería, los hidrocarburos, el turismo, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. En ese contexto, plantea que estos procesos avanzan con rapidez mientras todavía no existe un debate político, académico e institucional que evalúe sus consecuencias sobre el territorio.
Entre los aspectos que considera necesario analizar aparecen el impacto demográfico, laboral, ambiental, urbano, cultural e institucional que podrían generar estas inversiones en las próximas décadas.
Según el planteo, gran parte de las iniciativas se desarrollan impulsadas por el mercado y bajo esquemas de desregulación o regímenes especiales de incentivo a las inversiones, como el RIGI. Al mismo tiempo, advierte que aún no se construyó una visión estratégica capaz de coordinar políticas públicas para una región que presenta enormes diferencias geográficas, productivas y sociales.
El análisis también señala que universidades, centros de investigación, especialistas y espacios políticos todavía no incorporaron plenamente este proceso dentro de sus agendas de discusión, pese a que la denominada “Ruta 40” reúne un territorio de enorme potencial económico que incluye importantes centros urbanos como Mendoza y San Juan, además de vastas extensiones con baja densidad poblacional.
En ese marco, el autor observa que las decisiones vinculadas al desarrollo de esta región continúan concentrándose desde el centro del país, mientras los debates tradicionales sobre federalismo, regionalismo, apertura económica o modelos productivos dejan de lado las transformaciones que ya comenzaron a manifestarse sobre este corredor estratégico.
Respecto del norte argentino, menciona que los gobiernos provinciales mantienen expectativas sobre el desarrollo del Norte Grande, mientras algunos sectores privados vuelven a poner la mirada en experiencias de integración regional como el Grupo Empresario Interregional del Centro Oeste Sudamericano (GEICOS). No obstante, sostiene que todavía faltan herramientas de planificación, estadísticas específicas e información sistematizada que permitan diseñar políticas para este espacio.
Como antecedente, el análisis propone observar la experiencia de Vaca Muerta, no solo desde el punto de vista energético, sino también por los cambios institucionales, laborales, urbanos, empresariales y de infraestructura que acompañaron su crecimiento.
A partir de ese ejemplo, considera prioritario avanzar sobre una agenda que incluya la gestión de los recursos hídricos y energéticos, el fortalecimiento de los corredores bioceánicos, el desarrollo ferroviario, la salida hacia los puertos del Pacífico, la construcción de nuevas ciudades, la modernización integral de la Ruta Nacional 40, la ampliación de aeropuertos, la expansión de ductos, la promoción de la investigación científica, la incorporación de nuevas tecnologías y la capacitación de trabajadores, emprendedores y empresas.
El planteo también incorpora la necesidad de revisar los convenios colectivos de trabajo y adecuar los servicios públicos vinculados con salud, educación, empleo, seguridad social e infraestructura para responder a una demanda que podría incrementarse en los próximos años.
Uno de los datos que más llama la atención del análisis es la proyección demográfica. Estudios preliminares mencionados por el autor estiman que hacia 2050 cerca de cuatro millones de personas podrían migrar desde grandes conglomerados urbanos e industriales hacia las regiones atravesadas por la Ruta Nacional 40, atraídas por las nuevas oportunidades económicas.
En ese escenario, el corredor dejaría de ser únicamente una vía de comunicación para convertirse en uno de los principales ejes de transformación productiva, territorial y poblacional de la Argentina, un proceso que, según el análisis, requerirá planificación, coordinación institucional y una visión estratégica de largo alcance.
Fuente: Visor Gremial de Salta – Por Dr. José Armando Caro Figueroa



