Sociedad

31.º Encuentro Nacional de la Pachamama: “La patria no se vende”, fue el grito que atravesó la Puna

En San Antonio de los Cobres se realizó el evento de los Pueblos Andinos. La ceremonia ancestral volvió a reunir a las comunidades, pero esta vez hubo un mensaje que atravesó toda la jornada: la defensa de la tierra, la identidad, las comunidades originarias y la soberanía argentina.

La Puna tiene una manera particular de hacer sentir las cosas. El frío, el viento, la altura y ese paisaje inmenso que parece no terminar nunca. Pero también tiene otra forma de decir lo que piensa.

Este año lo dijo cantando: “¡La patria no se vende!”, se escuchó durante buena parte de la jornada en la 31.º edición del Encuentro Nacional de la Pachamama de los Pueblos Andinos. Y no fue una consigna aislada. Apareció una y otra vez, mezclada entre coplas, música, ofrendas y palabras de quienes llegaron hasta la estación del ferrocarril para participar de la ceremonia.

También hubo banderas. La argentina, como siempre, pero esta vez acompañada por una consigna que ocupó un lugar especial: “Las Malvinas son argentinas”.

La escena decía mucho sin necesidad de demasiadas explicaciones. En el mismo lugar donde se agradece a la Madre Tierra por lo recibido, se habló de territorio, de identidad, de soberanía, de las comunidades que habitan estas tierras desde mucho antes de que existiera la Argentina como Estado.

Y, sobre todo, de una preocupación que hoy atraviesa a buena parte del país: qué puede pasar con nuestras tierras y con quienes históricamente las habitaron.

La Pachamama en medio de una Argentina en discusión

La celebración de la Pachamama no nació ahora ni tiene que ver con una coyuntura política. Es una tradición ancestral que las comunidades mantienen viva y que en San Antonio de los Cobres tiene una historia de décadas.

Pero sería imposible llegar este año a la Puna, escuchar lo que dicen sus comunidades y mirar las banderas que estuvieron presentes sin relacionarlo con lo que está pasando en la Argentina.

El Gobierno de Javier Milei impulsó durante este año una reforma sobre la propiedad privada que abrió una fuerte discusión alrededor de la tierra rural y de los límites para la participación extranjera.

El proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada llegó al Senado con un capítulo que proponía eliminar las restricciones para la adquisición de tierras rurales por parte de extranjeros. Ante la falta de consenso, el Gobierno terminó retirando ese punto antes de la votación. También fue retirado otro apartado vinculado con el cambio de uso de tierras después de incendios. El Senado finalmente dio media sanción al proyecto por 37 votos contra 33 y ahora la discusión deberá continuar en Diputados.

Pero esa discusión no quedó encerrada en el Congreso.

En las calles apareció una frase que rápidamente se convirtió en consigna: “La patria no se vende”; y esa misma frase llegó hasta la Puna.

Una discusión que para las comunidades viene de mucho antes

Para las comunidades originarias, el debate sobre la tierra no comenzó con el proyecto de Milei. Hace años que existe una disputa por el reconocimiento efectivo de los territorios que ocupan tradicionalmente.

La Ley 26.160, sancionada en 2006, declaró la emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras tradicionalmente ocupadas por comunidades indígenas y suspendió durante su vigencia los desalojos de esos territorios. La norma también estableció la necesidad de realizar relevamientos técnicos, jurídicos y catastrales.

Esa emergencia fue prorrogada varias veces. La última prórroga había extendido su vigencia hasta noviembre de 2025, pero el Gobierno nacional la dio por finalizada en diciembre de 2024 mediante el Decreto 1083/2024.

Para quienes viven en esos territorios, no se trata simplemente de una discusión legal. La tierra es otra cosa. Es donde vivieron los abuelos. Donde se criaron los hijos. Donde están las ceremonias. Los animales. Los cerros. Los caminos. La memoria.

Por eso, cuando alguien dice que “la tierra no se vende”, no necesariamente está hablando solamente de una propiedad. Está hablando de una forma de entender el territorio.

Una bandera que este año dijo mucho

Entre tantas imágenes que dejó el encuentro, hubo una que quedó especialmente marcada. La bandera argentina junto a las expresiones de identidad de los pueblos andinos y un mensaje claro: Las Malvinas son argentinas.

En otro contexto quizás podría haber parecido solamente una expresión de soberanía. En esta celebración tuvo otro significado.

Porque hablar de Malvinas en un encuentro donde la tierra ocupa el centro de la escena también es hablar de territorio, de identidad y de pertenencia.

La pregunta apareció casi naturalmente: ¿qué significa defender la patria? ¿Es solamente hablar de las islas? ¿O también defender la memoria, la cultura y los derechos de quienes viven en nuestro territorio desde generaciones?

En San Antonio de los Cobres, las respuestas no estuvieron en un discurso político. Estuvieron en las banderas y en las voces de la gente.

Un homenaje que abrió la ceremonia

La jornada también tuvo un momento especial antes de que comenzara la ceremonia central en la estación del ferrocarril. El encuentro abrió con un homenaje a un reconocido anciano de la comunidad, conocido cariñosamente como “Perrito”.

Su nombre forma parte de la memoria de quienes sostienen esta celebración desde hace años. Por eso, antes de comenzar, se lo recordó y se entregó un reconocimiento a su familia.

Fue un momento sencillo, pero de esos que dicen mucho. En una celebración dedicada a la Pachamama, recordar a los mayores también es recordar de dónde viene una comunidad.

Miguel Siares, Teófila Urbano y una historia que continúa

Detrás de este encuentro hay nombres que se repiten año tras año.

El cacique Miguel Siares y su esposa Teófila Urbano, integrantes de la comunidad Kollas Unidos, son parte fundamental de esta celebración. También está Ariel Morgovejo, uno de los organizadores que viene acompañando el encuentro desde hace años.

La historia de esta fiesta tiene un punto de partida que ya quedó lejos: 1995.

En 2025, cuando se cumplieron los 30 años, desde la organización recordaron que fueron Siares y Urbano quienes impulsaron aquella primera celebración abierta, con la intención de recuperar y mostrar una identidad que durante mucho tiempo había quedado relegada a los espacios familiares y comunitarios.

Treinta y un años después, la ceremonia sigue creciendo. Y también sigue cambiando. Porque cada generación que participa le agrega algo propio.

Este año, por ejemplo, las banderas se mezclaron con los instrumentos, las coplas y las ofrendas.

Y en medio de todo eso apareció una discusión que excede a la fiesta: “La tierra no se vende”.

Hay algo que se entiende mejor cuando uno está ahí.

Para quienes llegan desde lejos, la Pachamama puede verse como una ceremonia, una tradición o incluso como una postal turística.

Para quienes la viven desde adentro, es mucho más. Es una manera de relacionarse con la tierra. De agradecer, de pedir, de recordar, de enseñarles a los más chicos.

Hay derechos reconocidos por la Constitución Nacional. El artículo 75 inciso 17 reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas, la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan.

También existe una deuda histórica: que esos derechos puedan traducirse efectivamente en territorio. Y ahí aparece una de las mayores preocupaciones actuales.

Porque mientras se discuten nuevas reglas sobre la propiedad privada, la inversión y la tierra rural, muchas comunidades todavía esperan respuestas sobre sus propios territorios.

Por eso la consigna que se escuchó en la Puna no fue casual: “La patria no se vende”, porque cuando una comunidad defiende su territorio, no está defendiendo solamente un pedazo de suelo; está defendiendo una historia, una cultura, memoria, una forma de vivir, pero sobretodo una idea de patria.

📌 Publicado por Diario InfoSalta

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