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Fue al cerro San Bernardo y no volvió

Subió hasta la cima en su vehículo, lo dejó estacionado junto con sus pertenencias y desde ayer que no se supo más nada.

Un joven salteño de 21 años fue reportado anoche como desaparecido luego de haber sido visto por la tarde por última vez, poco antes de dirigirse al cerro San Bernardo. Se trata de Ignacio Ravazza Burgos quien mide 1,70 metros, es de tez morena y cabello negro.

Vestía al momento de retirarse una remera blanca, campera impermeable color azul noche, pantalón vaquero color oscuro y zapatillas número 43.

Según informaron sus familiares, dejó el auto en la cima del San Bernardo con algunas pertenencias dentro y desde allí no se supo más nada.

Efectivos del Grupo Investigativo del Sector 6 realizan una intensa búsqueda.

La mamá relató paso a paso cómo desapareció su hijo de 21 años y aseguró que no había problemas familiares internos que pudieran haber precipitado una fuga.

“Lo único que noté era un exceso de cariño, no solo conmigo sino con todos los integrantes de la familia”.

La mujer dijo que la noche del lunes, cuando él no regresaba, lo llamó insistentemente y a las 21.15 le contestó. “Él estaba algo quebrado y solo me dijo que había tomado una determinación muy profunda y que lo había estado pensando durante mucho tiempo”.

 

“No sabía a qué se refería, pensé en una novia, en una mujer, en un deseo de huir, pero no sabía nada acerca de su problema en la facultad. Durante seis meses fue puntual para salir a horario a la Facultad de Ingeniería. Volvía como siempre a la misma hora. No tenía amigos y no usaba las redes sociales”.

“Hoy comenzamos a ver otro Nacho, tal vez turbado por una carrera que lo había doblegado y que al parecer no podía confesar que ya la había abandonado. Por eso le pedimos que vuelva, que hay otras posibilidades y que él es joven, muy joven, y puede volver a empezar. Pero lo peor de todo es que no sabemos con quién compartía las horas en las que estaba ausente en la Ucasal. No sabemos dónde se escondió todo este tiempo”.

“Lo único que sabemos es que el lunes salió a las 12.30 y recién pude comunicarme con él a las 21.15. Allí me dijo dónde dejó su automóvil, un Chevrolet Onix, y desde entonces el silencio que nos está destruyendo a todos”, dijo con lágrimas interminables la mamá de Nacho a El Tribuno.

Ignacio Ravazza Burgos, según sus amigas ayer presentes en su domicilio, es un muchacho introvertido, con poco roce social. Muy formal y correcto. El enigma se hizo mayor aún al apagarse su celular a las 22.02 del día lunes. Desde entonces ya no recibe los cientos de mensajes enviados por amigos y familiares.

La madre de Nacho dijo también que la policía de Salta la sorprendió con el tratamiento preferencial que le dieron a su tema y la garra que le están poniendo en la búsqueda de su hijo. “Cuando fue a denunciar su desaparición ya en la frecuencia policial lo estaban buscando, me llené de orgullo saber que no estaba sola a esas horas de la madrugada”, afirmó. La mujer pidió encarecidamente a la comunidad que aporte datos de su hijo pero también de lugares donde él se refugiaba en el horario que no se encontraba en su domicilio.

La afligida mamá agradeció los apoyos recibidos y dijo que cientos de llamadas ingresan a los números que están habilitados para la búsqueda. “Nos llamaron hasta de Buenos Aires. Nacho, por favor, volvé”, concluyó.

El peso de la verdad

Para su familia el joven siempre fue correcto en todo. Para su madre, el hijo más querido e inseparable. Para sus amigas, un excelente muchacho, salvo por su timidez y su acorazada personalidad.
En la conversación entre la familia compartida por El Tribuno se dijo que el peso de lo que él estaba ocultando sería la causa de su desaparición.
A pesar de los afiches y la salida a los distintos medios de comunicación Nacho aún se encuentra desaparecido.
“Estamos desesperados pero aun así tenemos enorme fe no solo en la policía de Salta sino en su gente. Somos optimistas hasta el final. Hoy quizá nos desayunamos con una verdad que jamás quisimos ver o no pudimos ver. Fue tanta nuestra confianza en ese chico que nunca fuimos a la universidad a preguntar nada, creímos cada palabra que nos dijo acerca de su carrera, justamente porque él siempre fue correcto. Hoy, no sabemos en qué fallamos y ese es otro dolor”, reflexionaron.

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