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Trenes, advertencias y muerte: La tragedia que sacude a España

La madrugada en Adamuz quedó marcada por el sonido del metal retorcido y el trabajo contrarreloj de los equipos de emergencia. Dos trenes de pasajeros, un Iryo que cubría la ruta Málaga–Madrid y un Alvia con destino a Huelva, descarrilaron tras un choque que la Guardia Civil confirmó como uno de los peores accidentes ferroviarios de los últimos años en España. El saldo provisorio es devastador: al menos 39 personas murieron y más de 152 resultaron heridas.

Según informó el ministro de Transportes, Óscar Puente, los últimos coches del Iryo fueron los que se descarrilaron con mayor violencia. En el caso del Alvia, los primeros vagones quedaron encajados contra un talud junto a la vía, dificultando las tareas de rescate. La circulación en la línea Madrid–Andalucía permaneció interrumpida durante toda la jornada, mientras ambulancias, bomberos y personal sanitario trabajaban sin pausa en la zona.

Desde el lugar del siniestro, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, resumió el impacto humano de la tragedia con una frase breve y contundente: “Es una catástrofe y deja el corazón roto”.

El aviso que hoy resuena

Horas después del accidente, comenzaron a viralizarse mensajes publicados meses atrás por un usuario que se identifica como ingeniero mecánico. El 30 de octubre había escrito en redes sociales: “Soy ingeniero mecánico, y las vibraciones del AVE a 250 km/h no son normales”. En otra publicación advertía sobre los riesgos estructurales: “Las máquinas expuestas a ciclos repetidos de grandes esfuerzos por debajo de su límite elástico rompen a fatiga sí o sí después de un tiempo”.

Sus mensajes, que en su momento pasaron casi desapercibidos, cobraron una dimensión inesperada tras la tragedia. En ellos se mostraba crítico con el modelo de alta velocidad: “Nadie diseña una máquina para operar en esas condiciones, el AVE es un misil de los años 90 que vuela bajo”. Y añadía una frase que hoy estremece por su crudeza: “Es cuestión de tiempo que haya un desastre”.

En noviembre, ante las respuestas que atribuían el problema exclusivamente al estado de la vía, el ingeniero insistió: “Los asentamientos diferenciales en los soportes de los raíles provocan las vibraciones, pero lo que se estrella es el tren, no la vía”.

Revisiones, reclamos y una investigación abierta

La empresa Iryo informó que el tren involucrado había superado una revisión técnica el pasado 15 de enero y que la unidad fue fabricada en 2022. En paralelo, salió a la luz que el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (SEMAF) había solicitado en agosto reducir el límite de velocidad de 300 a 250 km/h en determinados tramos, entre ellos el corredor Madrid–Andalucía, como medida preventiva ante el estado de algunas infraestructuras.

Por ahora, las causas exactas del siniestro continúan bajo investigación judicial y técnica.

Mientras avanza la investigación, las advertencias previas, los reclamos sindicales y las explicaciones técnicas vuelven a poner el foco en el mantenimiento, el diseño y la gestión de la red de alta velocidad. En Adamuz, el silencio tras el paso de los trenes dejó una herida profunda que atraviesa a todo el país.

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